MISP: el estándar mínimo de salud sexual y reproductiva en emergencias
- Página actualizada el21 de septiembre de 2026

En las crisis humanitarias no solo aumentan las desigualdades sistémicas de género y la discriminación hacia niñas y mujeres, sino que también se ve directamente amenazada su libertad, derechos y salud en todo lo relacionado con su sexualidad y reproducción. Por este motivo, resulta fundamental incluir acciones y servicios esenciales de salud sexual y reproductiva en emergencias, que permitan reducir los riesgos de violencia de género, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y problemas de salud materna.
Tabla de contenidos:
¿Cómo surgió el MISP a partir de avances previos en salud reproductiva de los 90?
La Conferencia del Cairo de 1994 supuso un fuerte empujón para los derechos reproductivos
En 1994 se celebró la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en Cairo. Este acontecimiento y el programa de acción resultante supusieron un punto de inflexión al definir la salud y los derechos reproductivos, y ponerlos entre las prioridades de la salud pública y los derechos humanos (United Nations, 1994).
Gracias a este y otros sucesivos avances, hoy entendemos que para alcanzar el derecho a la la salud, es fundamental avanzar hacia la salud reproductiva, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres (UNFPA, 2019). Para ello, es imprescindible que se defiendan y respeten los derechos y libertades de todas las personas a:
- Que se respete su autonomía personal, integridad corporal y privacidad.
- Poder definir su sexualidad, orientación sexual, identidad de género y la manera de expresarla.
- Elegir sus parejas.
- Tener experiencias sexuales seguras y placenteras.
- Decidir si desean casarse o no, cuándo y con quién.
- Decidir si desean tener o no uno o más hijos e hijas, cuándo y cómo.
- Tener acceso a información, recursos, servicios y el apoyo necesario para ejercer el resto de derechos, libres de discriminación, coerción, explotación y violencia.
En esa época también se avanzó de la salud materna a la salud reproductiva en contextos humanitarios
A la vez que se producía la conferencia del Cairo, la salud reproductiva también empezaba a verse como una prioridad en contextos humanitarios y emergencias complejas (Wulf, 1994). El uso de la violencia sexual y de género, por ejemplo, como arma de guerra, fue ampliamente denunciado en las emergencias humanitarias de este periodo. En Ruanda, entre 100.000 y 250.000 mujeres fueron violadas durante tres meses de genocidio en 1994. Durante la guerra de Bosnia (1992-1995), igualmente, entre 10.000 y 50.000 mujeres fueron violadas, en ocasiones de manera repetida durante años en campos de concentración de civiles. En esos años, el mundo fue testigo de la fragilidad de los derechos y la salud sexual y reproductiva de millones de mujeres afectadas por las crisis humanitarias (IAWG, 2004).
El informe «Refugee Women and Reproductive Health Care: Reassessing Priorities» publicado en 1994 por la (hoy) Women’s Refugee Commission analizó la situación de la salud y los derechos reproductivos entre mujeres desplazadas y refugiadas en Costa de Marfil, Ruanda, Kenia, Paquistán, Belize, Tailandia, Camboya y Hong Kong (Wulf, 1994). Este análisis crítico de las necesidades en salud reproductiva impulsó también al desarrollo de nuevas coaliciones internacionales. Estas incluyeron el Grupo de Trabajo Inter-Agencia de Salud Reproductiva en Crisis en 1995, o el Consorcio de Respuesta en Salud Reproductiva en Conflictos (Chynoweth, 2015).
¿Qué es el MISP? Un estándar mínimo de servicios de salud sexual y reproductiva en emergencias
El MISP surgió como un paquete de servicios iniciales básicos dentro de un manual de campo inter-agencia
En el siglo XX aún se produjo un último gran hito para la salud reproductiva en contextos humanitarios. Se trató del desarrollo, entre 1996 y 1999, del Manual de Campo Inter-Agencia de Salud Reproductiva en Contextos Humanitarios. Este documento y sus sucesivas actualizaciones de 2010 y 2018 (la actual) han sentado las bases y el consenso en torno a los servicios de salud sexual y reproductiva que son más importantes en contextos humanitarios, particularmente entre niñas y mujeres, al mismo tiempo que se protegen sus vidas con dignidad (IAWG, 2018).
Dentro del Manual de Campo se definió también un conjunto mínimo de acciones de salud reproductiva y sexual para la respuesta a emergencias humanitarias. Es el Paquete de Servicios Iniciales Básicos de Salud Sexual y Reproductiva en Situaciones de Crisis (Minimum Initial Service Package for Sexual and Reproductive Health in Crisis Situations o simplemente MISP). Este conjunto de acciones prioritarias nació entre 1996 y 1999, y se ha actualizado de manera significativa dos veces: en 2004 y en 2018 (IAWG, 2018). Además, en 2010 se incluyó como un estándar en el Manual Esfera. Hoy, es una herramienta poderosa para la incidencia, coordinación y programación de estas acciones (Chynoweth, 2015).
El MISP tiene 6 objetivos para salud sexual y reproductiva
El MISP se estableció para evitar que las necesidades de salud sexual y reproductiva quedaran olvidadas en las respuestas a crisis humanitarias. Por ello, incluye los servicios esenciales que siempre deberían estar disponibles desde las primeras 48 horas tras el inicio de cualquier emergencia. Son necesarios para prevenir morbimortalidad y proteger el derecho a la vida con dignidad, particularmente de mujeres y niñas (WRC & IAWG, 2021).
Los servicios mínimos de salud del MISP se definieron para lograr 6 objetivos:
- Asegurar que el sector o clúster de salud identifique una organización que lidere la propia implementación del MISP. Este objetivo está relacionado con la estructura de coordinación y gestión de información necesaria para el logro de todos los demás.
- Prevenir la violencia sexual y de género y responder a las necesidades de las personas supervivientes. Bajo este objetivo no solo se plantean servicios de atención sanitaria y la referencia a otros servicios de apoyo, sino también las garantías de seguridad y confidencialidad en centros sanitarios y la necesaria colaboración con otros sectores humanitarios como el de protección, para atender a las personas expuestas a la violencia sexual y de género.
- Prevenir la transmisión del VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual y reducir su morbimortalidad. Esto requiere una serie de precauciones en los servicios sanitarios, junto a la disponibilidad de condones, antirretrovirales para continuar los tratamientos y los programas de prevención de la transmisión vertical de madre a hijo que ya se hubiesen iniciado antes, profilaxis posexposición para supervivientes de violencia de género, y el diagnóstico y tratamiento de estas patologías y otras infecciones oportunistas.
- Prevenir el exceso de la morbimortalidad materna y neonatal. La clave para el logro de este objetivo es la disponibilidad de servicios accesibles de atención obstétrica y neonatal de emergencia en varios niveles asistenciales, con los medios de comunicación y de transporte necesarios para sostener el sistema de referencia.
- Prevenir los embarazos no deseados. El quinto objetivo, muy relacionado con los derechos reproductivos de las mujeres y las niñas, requiere la disponibilidad de información y un amplio rango de métodos anticonceptivos.
- Planificar servicios completos de salud sexual y reproductiva integrados en atención primaria, tan pronto como sea posible. El último objetivo del MISP es el referente a la expansión de servicios más allá de los componentes mínimos imprescindibles, desde un enfoque de resiliencia y fortalecimiento de los sistemas de salud.
Además de estos seis objetivos, el MISP habla de otras prioridades adicionales de salud sexual y reproductiva, entre las que destaca asegurar el acceso a la atención segura del aborto, en la medida en que la ley lo permita (WRC & IAWG, 2021). Es importante aclarar la distinción entre esta prioridad y la atención postaborto, cubierta en el cuarto objetivo del MISP para atender abortos espontáneos o ya inducidos y sus complicaciones.
En crisis humanitarias prolongadas y contextos estables no basta con servicios mínimos de salud sexual y reproductiva
Algunas expertas critican que el MISP ha cubierto tantos objetivos que ya no es mínimo ni realista para ciertos contextos (Tran & Schulte-Hillen, 2018). Alegan que en medio de la inseguridad y el caos de una emergencia humanitaria, hay que priorizar. Señalan también que esto debe hacerse en función de la evidencia científica, los derechos de las personas, y lo que es aceptable y viable como acción en los primeros días de la respuesta a una crisis. Además, critican que en la última actualización del MISP no se haya tenido en cuenta la voz de algunos actores clave.
Al mismo tiempo existen otros contextos en que, aunque las necesidades requieren que se priorice el objetivo 6 del MISP y se expandan los servicios disponibles, esto no llega a producirse (IAWG, 2004). Esto puede llegar a resultar particularmente en crisis humanitarias prolongadas. En ellas, una vez superada la fase más inmediata de la respuesta, que requiere una estricta priorización, existen importantes necesidades que, si no se superan las limitaciones propias de un paquete de servicios mínimos, quedan desatendidas (GHC, 2025). Estas incluyen la educación sexual, la mejora en la calidad del seguimiento del embarazo y las visitas prenatales, un abordaje más completo de la salud menstrual y la gestión de la higiene menstrual, y la atención al cáncer de cérvix o los problemas de fertilidad, por ejemplo (Starrs et al., 2018).
Existe consenso en que atender a estas necesidades no debe restar recursos a otras más prioritarias en las fases iniciales de una emergencia humanitaria. Esto, sin embargo, no debe estar reñido con la importancia de ampliar los servicios necesarios cuando resulte viable hacerlo, para perseguir la meta de la cobertura sanitaria universal (UNFPA, 2019). Y esto requiere una transición coherente de un enfoque a otro (WHO et al., 2011), bajo una visión que integre bien el nexo entre la cooperación al desarrollo y la acción humanitaria (Qaddour et al., 2026). Desde esta visión, además, todos los sistemas de salud deben ser resilientes y, por tanto, estar preparados para poder asegurar el MISP en 48 horas cuando ocurra una emergencia (Family Planning 2020, 2020).

Muchas voces también insisten en que el abordaje de la salud reproductiva y sexual en crisis humanitarias, en cualquier caso, no puede limitarse a un paquete mínimo de servicios de salud. Estos servicios deben entenderse como un componente más de un enfoque completo y multisectorial para promover, proteger y respetar los derechos humanos de mujeres y niñas en contextos humanitarios, desde el que también se aborde la discriminación y desigualdad de género (OHCHR, 2022).
¿Por qué los recortes de financiación humanitaria de 2025 hacen peligrar el MISP?
Antes de que se redujese drásticamente la financiación humanitaria, aún quedaba mucho por hacer en materia de derechos reproductivos
En torno a 2023, ya se había observado una ralentización considerable en los avances en salud materna y reproductiva. Anualmente, se registraban aún 300.000 muertes maternas (Starrs et al., 2018). De estas, se estima que aproximadamente 200.000 se producían en contextos humanitarios (WRC & IAWG, 2021).
Este estancamiento estaba relacionado con el impacto de la pandemia de COVID-19, la crisis económica global derivada del conflicto en Ucrania y la creciente carga de la deuda en África, así como con la falta crónica de voluntad política y la desigualdad de género (Bhutta & Rulisa, 2025).
En ese momento, la financiación para salud sexual y reproductiva ya resultaba insuficiente e inadecuada. Concentrada en algunos programas, como los destinados a la lucha contra el VIH/SIDA, la financiación dejaba en un segundo plano aspectos como la planificación familiar, la violencia de género o el empoderamiento de organizaciones locales lideradas por mujeres. También persistían brechas graves en la disponibilidad de atención obstétrica y neonatal de emergencia y en el acceso al aborto seguro, así como un enorme vacío de información sobre el impacto de las crisis en las personas LGTBIQ+.
Múltiples evaluaciones demostraron que la financiación no era el único problema. Mantener los compromisos políticos para asumir el MISP y sostener las estructuras necesarias para su coordinación era un desafío en lugares como Chad o Etiopía, por ejemplo. En otros contextos, como Mozambique, el MISP se veía como la base para los servicios de salud reproductiva de rutina, a pesar de ser un estándar mínimo pensado para emergencias humanitarias en que priorizar solo servicios esenciales resulta fundamental (GHC, 2025). Todas estas fragilidades se evidenciaron aun con más claridad en 2024 y finalmente a partir de 2025, cuando la financiación de la acción humanitaria experimentó una drástica reducción
La presión financiera, ideológica y política sobre la salud sexual y reproductiva amenaza las posibilidades de garantizar el MISP en emergencias humanitarias
A principios de 2025 se produjo un cambio drástico en la política exterior y sanitaria de los Estados Unidos. Tras una congelación inicial de fondos, se finalizó el 80% de las subvenciones de USAID. Se desmanteló así la ayuda ofrecida por el donante que canalizaba el 30% de toda la financiación para la salud global y el 40% de la financiación para planificación familiar (Singh et al., 2025). Esto se produjo, además, de una manera deliberadamente abrupta, sin dar margen para que estas necesidades pudiesen cubrirse de otro modo (Bhutta & Rulisa, 2025).
Las primeras consecuencias no tardaron en producirse. De manera inmediata se detuvieron proyectos de salud reproductiva y desaparecieron importantes mecanismos de coordinación, necesarios para garantizar el MISP (GHC, 2025). Entre las consecuencias de esta sacudida, se estimó la pérdida del acceso de más de 11 millones de mujeres y niñas a anticonceptivos, que podría resultar en más de 4,2 millones de embarazos no deseados y más de 8.000 muertes maternas adicionales, tan solo en un año (Sully et al., 2025).
No solo se trata de una disminución de la financiación para la salud y los derechos reproductivos, sino también de una enorme presión ideológica y política (Singh et al., 2025). Esto se manifiesta, por ejemplo, en la reinstauración y ampliación de la ley mordaza que prohíbe que las organizaciones internacionales que reciban fondos estadounidenses ofrezcan información sobre servicios legales de aborto. Además, se firmó de nuevo la Declaración de Consenso de Ginebra, una coalición antiabortista que repudia derechos reproductivos ampliamente reconocidos internacionalmente, al tiempo que busca apoyos y adhesiones de más países. Al mismo tiempo, el donante ha puesto fin a sus aportaciones a agencias como UNFPA, OMS, ONUSIDA y ONU Mujeres, e introducido una gran incertidumbre sobre la financiación de otros programas e iniciativas internacionales clave.
Aún se tardará en conocer el impacto global de estas medidas. Entre sus posibles repercusiones se encuentran la pérdida de vidas y el aumento del sufrimiento de millones de mujeres y niñas y sus familias (GHC, 2025), pero también el retroceso y derrumbe de muchos de los avances que se habían producido a lo largo de los años, y con mucho esfuerzo, en los derechos humanos y reproductivos.
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En un contexto de drástica reducción de la financiación humanitaria y creciente presión política sobre los derechos reproductivos, ¿cómo deberían las organizaciones humanitarias defender y mantener los avances conseguidos en salud sexual y reproductiva?
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Referencias
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- Chynoweth, S. K. (2015). Advancing reproductive health on the humanitarian agenda: The 2012-2014 global review. Conflict and Health, 9(Suppl. 1), Article I1. https://doi.org/10.1186/1752-1505-9-S1-I1
- Family Planning 2020. (2020). Ready to save lives: A preparedness toolkit for sexual and reproductive health care in emergencies. https://www.fp2030.org/app/uploads/2023/07/SRH_preparedness_toolkit.pdf
- Global Health Cluster. (2025). The Minimum Initial Service Package for Sexual and Reproductive Health: Process evaluation. Cross-contexts synthesis: Chad, Ethiopia, Gaza, and Mozambique. World Health Organization. https://healthcluster.who.int/publications/m/item/the-minimum-initial-service-package-for-sexual-and-reproductive-health
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- Starrs, A. M., Ezeh, A. C., Barker, G., Basu, A., Bertrand, J. T., Blum, R., Coll-Seck, A. M., Grover, A., Laski, L., Roa, M., Sathar, Z. A., Say, L., Serour, G. I., Singh, S., Stenberg, K., Temmerman, M., Biddlecom, A., Popinchalk, A., Summers, C., & Ashford, L. S. (2018). Accelerate progress—sexual and reproductive health and rights for all: Report of the Guttmacher–Lancet Commission. The Lancet, 391(10140), 2642–2692. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)30293-9
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- Wulf, D. (1994). Refugee women and reproductive health care: Reassessing priorities. Women’s Commission for Refugee Women and Children. https://www.womensrefugeecommission.org/wp-content/uploads/2020/04/Reassessing-Priorities-1994-web.pdf
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Cómo citar esta página
Abarca, B. (21 de septiembre de 2026). MISP: el estándar mínimo de salud sexual y reproductiva en emergencias. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/derechos-y-salud-reproductiva-en-emergencias/
