Salud e higiene menstrual en crisis humanitarias

Salud e higiene menstrual en crisis humanitarias
Texto y foto: Bruno Abarca

La menstruación ha sido durante décadas un tema prácticamente invisibilizado en la acción humanitaria. Sin embargo, hoy se estima que más de un tercio de las personas que menstrúan no tienen acceso a compresas u otros materiales necesarios, a información suficiente, a privacidad y a medios para gestionar su higiene con dignidad, ni a servicios de salud para atender sus molestias y dolores.

En la actualidad, la respuesta humanitaria ya incluye entre sus prioridades muchos de estos aspectos, aunque aún queda mucho por hacer para su plena inclusión en políticas y marcos de salud global y de derechos reproductivos.

Necesidades y derechos de las personas que menstrúan en crisis humanitarias

Millones de personas menstrúan cada día y, para muchas de ellas en contextos de escasos recursos, esto representa un problema crítico. Es así debido a barreras económicas, acceso limitado a materiales adecuados, privacidad insuficiente y estigma social, lo que en ocasiones restringe la asistencia a la escuela o al trabajo. Sin embargo, la dimensión de este problema de salud pública apenas se ha puesto sobre la mesa hasta la década de 2020, cuando los primeros marcos de monitoreo e informes globales han mostrado datos altamente preocupantes.

Millones de mujeres y niñas carecen de información suficiente sobre la menstruación

El conocimiento sobre la menstruación antes de la menarquia (el primer periodo) es uno de los principales indicadores del problema de salud e higiene menstrual a nivel global. En 2020, sin embargo, solo dos países disponían de datos nacionales al respecto: Egipto y Bangladesh. En Bangladesh apenas el 32% de las niñas había oído hablar de la menstruación antes de su primer periodo. En Egipto, esta cifra era del 66%, pero descendía hasta el 56% en las niñas y mujeres más pobres, y hasta el 45% entre aquellas con algún tipo de discapacidad.

Otros estudios han revelado que la información que las niñas reciben suele ser insuficiente, tardía y, en muchos casos, errónea y cargada de tabúes. Por ello, cuando en contextos de emergencia humanitaria se debilitan las redes de apoyo familiar y comunitario, el primer periodo se llega a experimentar como un evento aterrador o incluso como una maldición traumática. La escasa información disponible, además, apenas llega a los hombres y niños, lo que les genera desconfianza e incomodidad y perpetúa el estigma. Esta incomodidad masculina con la menstruación puede incluso reducir la disponibilidad de materiales y espacios seguros para la higiene menstrual, cuando quienes controlan el acceso a estos recursos no comprenden su importancia.

Pobreza menstrual: la falta de acceso a materiales y privacidad para una adecuada gestión de la higiene menstrual

En cuanto al acceso a materiales, estudios recientes analizaron la situación en crisis humanitarias (desastres naturales, epidemias, conflictos y desplazamientos) en Oriente Próximo, la India y África. Los resultados mostraron un 34% de falta de acceso a compresas y un 46% de falta de acceso a medios adecuados para su eliminación, una vez usadas. Cuando los productos no están disponibles o no son asequibles, las personas usan materiales insalubres o inapropiados con riesgo de infección, o recurren al sexo transaccional para poder comprarse los materiales que necesitan. Además, son comunes los problemas de falta de acceso a suficiente agua, jabón para manos, detergente, cubos para lavar o incluso bolsas para una eliminación discreta.

Incluso si se tienen materiales, su uso a veces requiere un entorno y una privacidad que no existen. En Níger o Túnez, por ejemplo, encuestas poblacionales han revelado que el 48% y el 44% de las niñas y mujeres no disponen de espacios privados en casa donde poder lavarse y cambiarse. En emergencias humanitarias, además, a menudo los baños carecen de cerraduras internas, iluminación o sistemas discretos para eliminar los materiales usados sin que otros los vean. Esto hace que, en campos de refugiados en países como Sudán del Sur, Malaui y Camerún, menos de la mitad de las mujeres (44%, 43% y 20%, respectivamente) estén satisfechas con los materiales y servicios a su disposición.

Desde la gestión de la higiene menstrual a la salud menstrual como derecho humano

La atención a la menstruación en cooperación internacional inicialmente se concentró en la gestión de la higiene menstrual: la capacidad de usar materiales limpios para absorber o recoger la sangre del periodo, que puedan cambiarse con privacidad tantas veces como sea necesario, de poder lavar el cuerpo con agua y jabón como se necesite, y de poder eliminar los materiales empleados de manera adecuada. Este enfoque centrado en WASH, surgido en torno a 2005, ganó pronto mucha popularidad en la investigación, las políticas y las prácticas de la cooperación internacional, sobre todo para ayudar a que las chicas adolescentes pudieran asistir a los centros educativos con continuidad en países de rentas bajas y medias.

Con el tiempo, sin embargo, este enfoque evolucionó hacia otros más inclusivos e integradores, más allá de los materiales e infraestructuras de higiene. Así, en 2021, el Global Menstrual Collective avanzó hacia el concepto de salud menstrual, abriendo la atención a otros temas olvidados relacionados con la menstruación, como la importancia del acceso a información, la necesidad de cuidados para las molestias y trastornos asociados, y el abordaje del estigma, la discriminación y los abusos.

Utilizar el término salud menstrual, además, invita hoy a discutir el derecho a la salud menstrual con dignidad y autonomía a lo largo del ciclo de vida desde antes de la menarquia y hasta después de la menopausia. También ayuda a integrar estas necesidades bajo el paraguas de la salud y de los derechos sexuales y reproductivos, un área donde tradicionalmente ha estado minimizada. Finalmente, constituye un paso adicional hacia la justicia menstrual, para combatir la opresión que sufren todas las personas que menstrúan, incluyendo niños y hombres transgénero y personas no binarias.

Cómo integrar la salud menstrual en las respuestas humanitarias

A partir de los años 2000, y coincidiendo con la evolución conceptual ya mencionada, la salud y la higiene menstrual fueron poco a poco incluyéndose en importantes estándares, como los indicadores operativos de ACNUR en 2006, el MISP de salud sexual y reproductiva en situaciones de crisis en 2010, el Manual Esfera en 2011, o el pilotaje de los kits de dignidad en 2012, con productos básicos de higiene para mujeres y niñas.

En 2017, además, se produjo un importante hito cuando la Universidad de Columbia, el IRC y el programa R2HC de ELRHA publicaron una guía para integrar la gestión de la higiene menstrual en todas las fases de la respuesta humanitaria en emergencias. En ella se planteaba la importancia de enfoques multisectoriales y transversales bien coordinados para abordar las necesidades en materiales y suministros, instalaciones y servicios de apoyo, e información y educación.  

Se necesita un enfoque multisectorial y coordinado para proteger la salud y los derechos menstruales

En primer lugar, para evitar que la respuesta a las necesidades humanitarias en salud e higiene menstrual se reduzca a acciones aisladas, debe haber consenso y mecanismos de coordinación entre las agencias. Para ello se propone una coordinación desde el sector WASH, en colaboración con el sector Protección, y con comunicación constante. Se plantea también la importancia de consultar directamente a mujeres y niñas para diseñar los programas y para comprender las normas sociales existentes, las sensibilidades culturales y los tabúes locales.

Este enfoque integrado requiere la colaboración de los sectores WASH, protección, educación, salud, coordinación y gestión de campos, y refugio y distribución de productos no alimentarios. Por ejemplo, mientras que desde el sector Protección se pueden mitigar los riesgos de violencia sexual y de género al acceder a servicios, otros sectores pueden asegurar instalaciones dignas en escuelas, privacidad en los alojamientos o cuidados para las molestias relacionadas con la menstruación en los servicios de salud.

Acceso a productos menstruales: más allá de la distribución de compresas en kits estandarizados

Al hablar de materiales menstruales, es preciso considerar dos categorías de productos: materiales absorbentes y otros suministros de apoyo para el uso higiénico de los absorbentes.

Los materiales absorbentes pueden ser compresas desechables, compresas de tela reutilizables, copas menstruales o tampones. Para elegir entre estos, es importante evaluar bien las necesidades y analizar el contexto, además de consultar previamente con las personas que usarán estos productos. Así es posible entender qué producto es preferible según el acceso a agua, la disponibilidad de sistemas de gestión de residuos, la facilidad de secar al aire libre y con rapidez materiales reutilizables lavados, o la propia aceptabilidad cultural.

Además de esto, también es preciso pensar en otros productos adicionales, como jabón, cubos, ropa interior, pinzas y cuerda para tender, bolsas, linternas y panfletos informativos, por ejemplo.

Dependiendo del contexto y de la disponibilidad de estos productos en el mercado local, a veces se pueden emplear transferencias monetarias y cupones. Esto puede ofrecer mayor libertad de elección y apoyar la economía local.

Las personas que menstrúan necesitan servicios y entornos amigables, así como facilidad para la gestión discreta de residuos

No basta con disponer de materiales para la menstruación si el entorno en el que viven las personas que los necesitan no les garantiza un mínimo de privacidad y protección. Para esto puede ser esencial que las infraestructuras e instalaciones estén segregadas por sexos, incluyan cerraduras, tengan buena iluminación y sean accesibles en las zonas de vivienda, las escuelas y los centros de salud.

También es importante que haya mecanismos para una gestión discreta de residuos, sobre todo si se usan materiales desechables, para evitar que queden a la vista de la comunidad, causen bloqueos en letrinas o contaminen el medio ambiente. Si se usan materiales reutilizables, es importante que haya espacios privados para su lavado y secado.

Más allá de la higiene, hay que abordar las necesidades en salud menstrual. La menstruación suele ir acompañada de síntomas como calambres abdominales agudos, fatiga o dolores de cabeza. Por ello, los centros sanitarios en contextos de emergencia también deben contar con personal formado y sensibilizado, además de con productos médicos adecuados para atender las solicitudes de analgesia y ayudar a promover los cuidados. El personal que ofrece anticonceptivos también debe entender y ayudar a controlar los efectos que estos pueden tener en el ciclo menstrual.

Información y educación menstrual para niños, niñas, hombres y mujeres

La educación menstrual debe partir de metodologías participativas que permitan que los mensajes y los materiales informativos sean culturalmente aceptables y comprensibles. Además, esta educación no solo debe estar dirigida a niñas y mujeres, sino también a niños y hombres, así como al personal humanitario en general. Esto puede ser determinante para reducir el estigma y las burlas, pero también para que en las familias se asignen los recursos necesarios para la salud e higiene menstrual.

Es importante entender que tanto las niñas como los niños transgénero necesitan información previa a su primer periodo, y que esta información debe llegar por canales culturalmente apropiados. Esto incluye educación sobre los cambios que ocurren en la pubertad, la normalidad de la menstruación, la gestión de la higiene menstrual, la importancia del manejo del dolor, una nutrición adecuada que pueda mitigar el riesgo de anemia ferropénica y cómo identificar signos de alerta médica.

🧠 Reflexiona antes de seguir

¿Qué indicadores permitirían monitorear de forma integral la salud menstrual en contextos humanitarios, incluyendo sus dimensiones física, mental y social, y cómo se podría medir el impacto de las intervenciones multisectoriales sobre ella?

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La menstruación en las políticas de salud global y derechos reproductivos

A pesar de los avances para la inclusión de la salud e higiene menstrual en las respuestas humanitarias, aún continúa siendo un tema olvidado en importantes agendas, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto, sin embargo, parece estar comenzando a cambiar a partir de 2021, aunque de manera fragmentada e insuficiente.

En general, la menstruación se menciona de manera escasa en las políticas y documentos de organizaciones internacionales como UNESCO o el Banco Mundial. Otras, como UNICEF o la OMS, no incluyen la menstruación entre sus temas prioritarios, pero sí se refieren a ella en algunos documentos clave. Estas menciones, no obstante, tradicionalmente se han limitado a un enfoque de WASH y educación centrado en la gestión de la higiene menstrual en chicas adolescentes y su dignidad en la escuela, sin plantearse como una prioridad de salud hasta 2022 o 2023. Pero si algo llama la atención es que ONU Mujeres o UNFPA apenas hacen referencia a la menstruación en sus marcos de salud y derechos reproductivos.  

En 2026, la menstruación sigue quedando en un segundo plano en las políticas de salud global y derechos reproductivos, con importantes lagunas. Áreas como la salud menstrual en la perimenopausia y menopausia, la atención a condiciones como la endometriosis, la inclusividad de hombres trans y personas no binarias que menstrúan, o el impacto ambiental de los plásticos en compresas desechables siguen estando olvidadas. Cerrar estas brechas aún requiere voluntad política, inversión en investigación, un mejor entendimiento de estos problemas y necesidades, y marcos normativos más inclusivos.

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Cómo citar esta página

Abarca, B. (31 de marzo de 2026). Salud e higiene menstrual en crisis humanitarias. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/salud-e-higiene-menstrual-en-crisis-humanitarias/

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