Financiación humanitaria: fuentes, mecanismos y crisis del modelo

Financiación humanitaria
Texto y foto: Bruno Abarca

La manera en que se financia la acción humanitaria (de dónde proviene, hacia dónde va y cómo llega hasta allí) determina, en gran medida, la magnitud  de la respuesta que se puede ofrecer ante crisis y emergencias. Los mecanismos de financiación humanitaria también determinan en gran parte cómo se desarrollan las acciones, quiénes las implementan y muchos de los dilemas éticos que deberán enfrentar.

Sin embargo, la financiación humanitaria siempre se queda lejos de cubrir todas las necesidades. Este problema se ha agudizado desde 2023, y hasta alcanzar una dimensión catastrófica a partir de 2025, el año en que los recortes en presupuestos para acción humanitaria han sumido al sector en una crisis sin precedentes, a partir de la cual se han transformado las vías de financiación humanitaria, ahora reducida.

¿De dónde proviene la financiación de la acción humanitaria?

La mayor parte de la financiación humanitaria proviene de contribuciones voluntarias de países donantes

Tradicionalmente, el 80% de la financiación humanitaria ha venido de contribuciones voluntarias de países donantes, a través de sus agencias de cooperación y ayuda internacional. El resto, en torno al 20%, provenía de donantes privados: empresas, fundaciones e individuos como tú y yo.

Entre los países donantes, siempre ha habido también importantes disparidades. Si miramos la distribución de las aportaciones, unos pocos países destacan sobre el resto. Entre 2020 y 2024, en promedio, de todos los fondos públicos para respuesta a crisis humanitarias, los Estados Unidos aportaron en torno al 35,8%. Estuvieron seguidos a una buena distancia por Alemania (11,6%), la Comisión Europea (8,4%) y otros países donantes como Arabia Saudí (4,9%), Reino Unido (4,7%), Japón (3,7%) o Suecia (3,1%) (OCHA, n.d.-a).

Estas aportaciones, en cualquier caso, suponen un pequeño porcentaje de la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) y un porcentaje aún menor del producto interior bruto de los países donantes (van Teutem & Arriagada, 2025). En concreto, tan solo entre el 12% y el 18% de la AOD se suele destinar a acción humanitaria. A su vez, en 2024, tan solo cuatro países (Noruega, Luxemburgo, Suecia y Dinamarca) dedicaron más del 0,7% de su producto interior bruto a asistencia oficial al desarrollo (un compromiso voluntario realizado en los años 70 por los países donantes, aunque nunca alcanzado). Otros países donantes, como Estados Unidos, apenas dedicaron el 0,23% de su producto interior bruto a ayuda internacional (OECD, n.d.).

ODA as a percentage of GNI
OECD, n.d.

La financiación humanitaria creció hasta 2022 y colapsó en 2025

El volumen anual de financiación humanitaria varía cada año. En 2016 se situaba en torno a los 22.600 millones de dólares. A partir de entonces, este volumen aumentó progresivamente hasta 2021, llegando a los 30.900 millones de dólares. Tras esto, el deterioro de las crisis en Ucrania, Afganistán y África Oriental resultó en un cambio brusco de tendencia. Como respuesta al aumento de las necesidades humanitarias de la población, la financiación humanitaria anual llegó en 2022 a su máximo histórico: 43.300 millones de dólares.

Esta tendencia, lejos de sostenerse, cambió con rapidez (Pearson et al., 2025). En 2023 y 2024 la financiación humanitaria descendió hasta los 37.100 millones de dólares, y en 2025 colapsó, reduciéndose a 27.700 millones de dólares (OCHA, n.d.-a). Esta brusca reducción de la financiación de la acción humanitaria global fue la consecuencia directa de los drásticos recortes de varios países, entre los que destacó Estados Unidos. En tan solo un año, este país pasó de aportar 14.125 millones de dólares a acción humanitaria en 2024, a contribuir solo 3.423 millones en 2025; un 75,8% menos. Otros países también redujeron significativamente sus contribuciones este mismo año, como Alemania (un 57% menos), Reino Unido (un 48% menos) o Francia (un 45% menos) (ALNAP, 2025).

¿A dónde va la financiación humanitaria?

Los donantes pueden elegir a qué se destinan sus contribuciones

La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas y los equipos humanitarios de cada país, con el apoyo y la participación del conjunto de actores humanitarios, publican documentos clave que sirven de orientación para la movilización de recursos y la priorización de la financiación humanitaria disponible. Son los Panoramas de Necesidades Humanitarias y los Planes de Respuesta Humanitaria, junto con sus versiones globales.

Los donantes humanitarios tienen la libertad de elegir a qué países, actores e intervenciones destinan sus contribuciones. Generalmente, entre un 50% y un 70% de la financiación humanitaria se destina a proyectos alineados con las prioridades de los Planes de Respuesta Humanitaria, elaborados de forma coordinada (IECAH & MSF, 2025).

Las contribuciones no se distribuyen de forma proporcional a las necesidades de los diferentes países, ni son suficientes para cubrir todo lo requerido por los planes coordinados. En 2024, por ejemplo, tan solo se alcanzó el 51% de lo solicitado en estos planes, y mientras que en países como Líbano, Ucrania o Sudán se superó el 70%, en otros como Siria o Etiopía ni siquiera se alcanzó el 40%. En 2025, además, y como consecuencia de la caída drástica de la financiación humanitaria, apenas se logró el 30% de lo requerido en el total de planes coordinados de respuesta humanitaria (Pearson et al., 2025).

Las aportaciones en ocasiones se entregan directamente a socios implementadores seleccionados por los donantes. En otros casos, las agencias de cooperación internacional de los países donantes gestionan convocatorias abiertas de proyectos, en las que indican sus prioridades, requisitos y criterios de elegibilidad. Para poder optar a estas convocatorias, las organizaciones humanitarias deben evaluar las necesidades de la poblaciónidentificar las acciones que son precisas para abordarlas y reflejarlas en la propuesta que entregan. Si finalmente reciben la financiación, deben usarla para aquello que habían indicado y justificarlo con informes, según la normativa del donante. Entre el 80% y el 90% de la financiación humanitaria está restringida (o earmarked) para su uso exclusivo en proyectos predefinidos (Stoddard et al., 2017).

La financiación humanitaria también cubre costes indirectos de las organizaciones

La mayoría de los mecanismos de financiación humanitaria permiten que un pequeño porcentaje del presupuesto se destine a cubrir costes indirectos (overheads).

Las organizaciones necesitan esta financiación para cubrir gastos estructurales, afrontar riesgos o gastos inesperados, o prepararse para responder a eventuales crisis. El porcentaje dedicado a costes indirectos suele ser pequeño y en torno al 5-10%, aunque depende de cada organización y de los acuerdos que alcance con los donantes (Girling-Morris, 2022).

Cuando la organización que recibe la financiación directamente (y que es responsable de usarla adecuadamente y rendir cuentas de ello) trabaja con otros actores que actúan como socios implementadores, la financiación de sus costes indirectos se negocia entre ambas partes, si los donantes lo permiten. Según cada caso, los socios implementadores pueden recibir aportaciones adicionales para cubrir sus costes indirectos, compartir la cantidad que hay disponible con el socio principal o recibir solo financiación de los costes directos.

Como es lógico, que la financiación de las organizaciones humanitarias sea directa o indirecta importa y mucho. La posibilidad de cubrir costes indirectos condiciona en alto grado el nivel de autonomía que las ONG consiguen desarrollar.

¿Qué organizaciones reciben los fondos destinados a ayuda humanitaria?

Aunque la cifra varía cada año, en 2024 el 59% de la financiación humanitaria tuvo como destino directo una agencia de Naciones Unidas, de acuerdo con la información disponible en el Financial Tracking Service de OCHA (OCHA, n.d.-a).

Entre todas las agencias de Naciones Unidas, las que más fondos recibieron fueron el Programa Mundial de Alimentos, ACNUR y UNICEF. Entre las tres recibieron ese año el 75% de la financiación directamente destinada a las agencias de Naciones Unidas y un 44% de la financiación humanitaria directa mundial. Es importante entender que estas agencias suelen firmar contratos con otras ONG internacionales y locales, que actúan como socios implementadores y reciben una fracción de la financiación de forma indirecta.

2004 humanitarian funding by destination organization type
Financiación humanitaria directa en 2024 por tipo de organización. OCHA Financial Tracking Service (OCHA, n.d.-a).

Según esta misma fuente, en 2024, un 7% de la financiación humanitaria tuvo como destino directo una organización de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. El Comité Internacional de la Cruz Roja recibió 1.678 millones de dólares, mientras que las distintas Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y su Federación Internacional recibieron un total de 988 millones.

En 2024, las ONG internacionales fueron destinatarias directas del 21% de la financiación humanitaria (OCHA, n.d.-a):

  • Tres ONG internacionales recibieron más de 300 millones de dólares cada una: Norwegian Refugee Council, Save the Children e International Rescue Committee .
  • Otras 9 ONG internacionales recibieron entre 100 y 250 millones de dólares: Danish Refugee Council, Acted, Action Against Hunger International, Mercy Corps, CARE International, Qatar Charity, Solidarités International, Catholic Relief Services y Deutsche Welthungerhilfe.
  • La mayoría de ONG internacionales recibieron aportaciones mucho menores.

Las ONG locales y nacionales solo recibieron en 2024 un 2% de la financiación humanitaria directa (OCHA, n.d.-a). Se estima que, si se contabiliza tanto la financiación humanitaria directa como indirecta, las ONG nacionales y locales recibieron en 2024 un total de 1,9 millones de dólares, lo que equivale a un 5,1% de toda la financiación humanitaria global (Pearson & Rieger, 2026)

Una parte de la financiación para respuesta en emergencias se destina a fondos conjuntos gestionados por OCHA

Los fondos humanitarios conjuntos gestionados por OCHA incluyen el Fondo de Respuesta Central para Emergencias de Naciones Unidas (CERF) y los Fondos Conjuntos Basados en un País (CBPF).

El Fondo de Respuesta Central para Emergencias de Naciones Unidas (Central Emergency Response Fund o CERF) fue establecido en 1991 y mejorado en 2005 (United Nations, n.d.). Es un fondo global gestionado por el/la Emergency Relief Coordinator (ERC) para responder con rapidez a crisis humanitarias agudas o contribuir a financiar la respuesta humanitaria en emergencias que no han recibido financiación suficiente por otras vías. Su cuantía se estableció inicialmente en 50 millones de dólares anuales, pero ha ido creciendo progresivamente hasta los 576 millones de dólares en 2024. El CERF solo puede financiar directamente agencias de Naciones Unidas, aunque éstas luego pueden subcontratar ONG internacionales y nacionales como socios implementadores. De hecho, en torno al 25% del CERF termina siendo implementado por ONG locales.

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Los Fondos Conjuntos Basados en un País (Country-Based Pooled Funds o CBPF), por el contrario, se establecen cuando se producen nuevas emergencias humanitarias o se deterioran las existentes. Son gestionados por el/la Humanitarian Coordinator (HC) del país y se usan para financiar acciones del Plan de Respuesta Humanitaria del país o para responder a emergencias imprevistas (OCHA, n.d.-b). Los CBPF alcanzan a más de 20 países, con un volumen total conjunto que alcanzó un máximo de 1.340 millones de dólares en 2022, aunque la cifra descendió a 871 millones en 2025. Estos fondos sí pueden financiar directamente ONG locales, sin intermediarios (OCHA, 2023). De hecho, el porcentaje de financiación directa a ONG locales con estos fondos ha aumentado de un 26,3% en 2020 a un 45,5% en 2025 (OCHA, 2025b).

Aunque tradicionalmente, la financiación por esta vía ha representado solo una pequeña fracción de la financiación humanitaria, la situación en 2026 cambió drásticamente (OCHA, n.d.-a). Entre 2023 y 2025, tan solo cinco países donantes (Holanda, Bélgica, Reino Unido, Irlanda y Dinamarca) canalizaron por esta vía más del 20% de sus aportaciones en alguno de esos años. Durante esos años, Estados Unidos prácticamente ignoró esta vía (1,5% de toda su financiación en 2023 y 0,7% en 2024). Sin embargo, en 2026, Estados Unidos canalizó por esta vía la práctica totalidad de su financiación humanitaria, muy reducida en comparación con años anteriores. Las aportaciones de los donantes a estos fondos no han estado nunca restringidas (earmarked) a proyectos u organizaciones específicas, aunque aún no se conoce el impacto que el cambio de la estrategia de financiación humanitaria de Estados Unidos pueda tener sobre esto (Loy, 2026).

La falta de financiación humanitaria, antes preocupante, ahora es crítica y alarmante

Incluso en los años con mayor financiación, esta nunca ha sido suficiente para cubrir las necesidades de asistencia humanitaria causadas por los conflictos, los desastres naturales o los desplazamientos poblacionales forzosos (Humanitarian Funding Forecast, 2025). El problema, además, se ha agudizado desde 2022 y especialmente en 2025, con un volumen de financiación humanitaria global similar al de 2016.

El impacto de esta reducción de financiación ha sido catastrófico, y los ejemplos de ello se repiten por todo el globo. En 2025 se declararon dos hambrunas (por primera vez en un siglo) en Gaza y Sudán, y hubo 25 millones de personas más que el año anterior que no recibieron la asistencia humanitaria que necesitaban.

En países como Siria, los esfuerzos por pasar de una larguísima crisis humanitaria a una nueva etapa de reconstrucción y recuperación fueron congelados por la falta de fondos (Islamic Relief Worldwide, 2025). Al mismo tiempo, las raciones de comida para la población Rohingya del mayor campo de personas refugiadas del mundo (Cox’s Bazar, en Bangladesh) se redujeron a menos de la mitad (Ahmed & Shaikh Azizur Rahman, 2025).

En Líbano, ACNUR tuvo que anunciar de forma abrupta el fin de la cobertura de los costes de hospitalización de las personas refugiadas que habían llegado desde Siria (UNHCR, 2025). Otro ejemplo es el de la ayuda humanitaria en Mozambique, que se redujo a la mitad entre 2024 y 2025. Allí, la población alcanzada por la acción humanitaria se redujo en un 33% entre 2024 y 2025 (OCHA, 2025a).

Con independencia de los recortes de otros países donantes, el corte súbito de la financiación de Estados Unidos ha acabado con el 40% de la ayuda humanitaria internacional, de manera casi instantánea. La crisis, sin embargo, no es solo financiera. El propio Emergency Relief Coordinator, Tom Fletcher, habla de una crisis que también es moral y de legitimidad en un tiempo de apatía global, brutalidad, impunidad e indiferencia, que ha dado lugar a plantear una ambiciosa reforma radical del sistema (el reseteo humanitario), una agresiva hiperpriorización de necesidades en el Panorama Global de Necesidades Humanitarias de 2026 (OCHA, 2025c), y profundos cambios en las organizaciones humanitarias (MOPAN, 2025).

🧠 Reflexiona antes de seguir

Si la financiación humanitaria está condicionada por los intereses geopolíticos de quienes la aportan, ¿puede el sistema humanitario ser verdaderamente independiente, y cómo podría reducirse esa dependencia estructural?

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La crisis financiera humanitaria de 2025 ha expuesto otras grandes debilidades crónicas del modelo

No se trata solamente de una reducción de los fondos. El aumento crítico de la brecha existente entre las necesidades humanitarias y el dinero disponible para hacerles frente ha hecho evidentes importantes defectos y limitaciones del modelo de financiación humanitaria, su arquitectura y sus mecanismos. Esto ha sido así a pesar de las múltiples recomendaciones (Norwegian Refugee Council, 2024) y reformas planteadas a lo largo de los años (Grand Bargain Caucus on Quality Funding, 2022).

La financiación humanitaria siempre fue rígida y altamente fragmentada

La fragmentación del sistema es una realidad. Cada país donante tiene sus propios mecanismos, procedimientos, prioridades y plazos para la financiación humanitaria. Además, la mayoría de las convocatorias para financiación son para respuesta rápida o tienen ciclos anuales y están fuertemente acotadas para prioridades, sectores, objetivos y acciones específicas, definidas en proyectos.

En la mayoría de los casos, el porcentaje de financiación multianual que reciben las organizaciones humanitarias no sobrepasa el 20% de su total (y es menor para ONG y actores nacionales y locales). Esto genera una fuerte carga de trabajo destinada a la formulación de propuestas (de las que solo una parte llega a financiarse) y deja poca flexibilidad para planificar programas coherentes en crisis humanitarias prolongadas o para adaptar un proyecto a una realidad cambiante (International Rescue Committee, 2020).

La financiación humanitaria está desigualmente distribuida

Por una parte, y a pesar de los esfuerzos del sistema humanitario por mejorar su coordinación y la priorización de respuestas humanitarias basadas en necesidades, los donantes continúan haciendo gran parte de sus contribuciones según intereses geopolíticos. Las alianzas estratégicas, la proximidad cultural o las prioridades de seguridad nacional de los gobiernos más poderosos dominan las decisiones de financiación, por encima del imperativo humanitario y los análisis de necesidades.  

Por otra parte, el modelo prioriza la financiación directa a los grandes actores humanitarios, principalmente agencias de Naciones Unidas, por delante de ONG internacionales, y muy por delante de ONG nacionales y locales. Esto genera grandes ineficiencias y limita la autonomía y capacidad de ONG locales, que apenas consiguen llegar a financiación de manera indirecta, al ser contratadas como socios implementadores. Como resultado, muchas ONG locales encuentran enormes dificultades para sostener su estructura básica, mantener la capacidad necesaria para identificar y formular nuevos proyectos y poder seguir compitiendo en la próxima ronda de financiación.

Las reformas humanitarias previas no han logrado los cambios que el modelo necesitaba

Tanto la Good Humanitarian Donorship Initiative de 2003 (Good Humanitarian Donorship, 2018) como el Grand Bargain de 2016 y sus sucesivas actualizaciones plantearon reformas que no se han hecho efectivas. Incluyen el aumento de la financiación multi-anual, de la financiación no delimitada para fines específicos (no earmarked) y de la financiación directa y de calidad dirigida a actores nacionales y locales. También se destacó la necesidad de mejorar la transparencia, la rendición de cuentas y la trazabilidad de la ayuda (Development Initiatives & OCHA, 2017).

Sin embargo, los avances han sido lentos e incompletos (Swithern, 2024). Algunos donantes han aumentado la financiación multi-anual, pero su disponibilidad (sobre todo para las ONG locales) seguía siendo limitada incluso antes de la crisis de 2025. Igualmente, mejorar la flexibilidad de la ayuda sigue siendo una tarea pendiente.

Estos compromisos no se alcanzaron al nivel esperado en una década de aumento progresivo de la financiación humanitaria. Ahora que el escenario ha cambiado con una reducción drástica de fondos y una hiperpriorización de las emergencias más agudas, las prioridades de las nuevas reformas también parecen haber cambiado. La localización y el fortalecimiento e inversión en los Country-Based Pooled Funds parecen ser claves de la nueva agenda, así como la reducción de las duplicidades y la burocracia, pero la financiación multi-anual pasa a un segundo plano.

Al mismo tiempo, ante la insuficiencia de la financiación humanitaria, los actores humanitarios exploran mecanismos alternativos de financiación humanitaria. Entre ellos destacan opciones basadas en deuda, préstamos y garantías, que abren nuevas posibilidades, aunque hay escepticismo sobre su potencial y el éxito no está, en absoluto, garantizado.

¿Hay alternativas innovadoras a los modelos de financiación humanitaria tradicional?

Los problemas del modelo de financiación humanitaria no han emergido en 2025, sino que ya llevaban años estudiándose y analizándose (ODI, 2024). En paralelo se ha tratado de evolucionar hacia nuevas alternativas y su aplicación a pequeña escala. Hablamos principalmente de fondos de impacto (Farber et al., 2024), modelos basados en aseguramiento, crowdfunding y de la aplicación de fondos globales público-privados para acción humanitaria (Chapagain, 2023), así como de la aproximación a donantes alternativos a los donantes occidentales tradicionales o con nuevas narrativas y mensajes (Pearson, 2024).

Sin embargo, ninguna de estas alternativas parece suficiente ni suficientemente alternativa. Muchas son difíciles de escalar  y otras resultan complejas y quedan fuera del alcance de organizaciones medianas y pequeñas. Sobre todo, siguen dependiendo de la voluntariedad de donantes públicos y privados y no de contribuciones obligatorias, un sostén mucho más fiable.

Referencias

NotebookLM

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Cómo citar esta página

Abarca, B. (12 de junio de 2026). Financiación humanitaria: fuentes, mecanismos y crisis del modelo. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/accion-humanitaria-y-cooperacion-al-desarrollo/financiacion-humanitaria/

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