Desnutrición crónica infantil (stunting): causas y prevención
- Página actualizada el4 de noviembre de 2026

La desnutrición crónica es una de las dos formas principales de desnutrición infantil, junto con la desnutrición aguda. Se manifiesta en los niños y niñas menores de cinco años como un retraso en el crecimiento (stunting) y se asocia con una mayor vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas y con un retraso en el desarrollo físico, motor y cognitivo. A largo plazo, este retraso produce también problemas en la capacidad de aprendizaje, en el rendimiento escolar y en la capacidad de trabajar.
Por todo lo anterior, este problema tiene un gran impacto en la economía de los individuos, sus familias y sus comunidades, reforzando así un ciclo intergeneracional del hambre y la pobreza. Se estima que es responsable de la pérdida de un 5%-7% de los ingresos per cápita de los países de rentas medias y bajas.
Tabla de contenidos:
La desnutrición infantil crónica: un problema multicausal
Prevalencia de la desnutrición infantil crónica

Se estima que, en 2024, el 23,2% (150 millones) de los niños menores de 5 años sufría desnutrición crónica. El problema se concentra principalmente en África (con una prevalencia del 30,3%) y el sur de Asia (31,4%). Se considera que estos valores son muy bajos cuando están por debajo del 2,5%, bajos cuando están entre el 2,5% y el 10%, medios entre el 10% y el 20%, altos entre el 20% y el 30% y muy altos cuando superan el 30%.
A pesar de que el actual valor del 23,2% supone una importante reducción desde el 33% de prevalencia de desnutrición crónica en 2000, esta no ha sido homogénea. El descenso ha sido muy pronunciado en varios países del sur de Asia, muy densamente poblados, que son los que mayor crecimiento económico han experimentado en el periodo. Sin embargo, en América Latina ha sido mucho menos pronunciado, y en África incluso ha aumentado el número de niños con desnutrición crónica, alcanzando los 64,8 millones (UNICEF et al., 2025).
Las causas de la desnutrición crónica tienen mayor impacto en los primeros meses de vida
Entre las causas de la desnutrición infantil crónica se encuentra el efecto negativo continuado del hambre y sus determinantes sociales durante el embarazo y los dos primeros años de vida. Este periodo se conoce como «la ventana de oportunidad de los mil días» (de Onis & Branca, 2016). Durante este tiempo, la inseguridad alimentaria, el limitado acceso a los servicios de salud, las infecciones, las deficiencias en agua, saneamiento e higiene, o los problemas en las prácticas de alimentación y cuidados infantiles tienen un gran impacto en el desarrollo del potencial futuro de estos niños y niñas (Prendergast & Humphrey, 2014).
Además, existen marcos conceptuales más específicos para la desnutrición crónica y el retraso en el desarrollo infantil. Entre ellos se encuentra el propuesto por la Organización Mundial de la Salud en 2016, que separa las causas en las del hogar y las de la comunidad o del entorno. Esto permite destacar causas que en otros marcos causales no quedan tan visibles, como la condición de la mujer, la salud de la madre, el acceso a la educación, y las infecciones por patógenos del tracto digestivo, que tienen una relevancia particularmente alta debido a la atrofia e inflamación crónica del intestino delgado que producen, no solo en los casos visibles de diarrea, sino también cuando hay infecciones subclínicas (WHO, 2016).

Cuantificar la importancia y el peso de cada una de estas causas, sin embargo, supone un desafío de gran complejidad. No todos los estudios evidencian el mismo efecto para las distintas causas. Igualmente, algunos estudios identifican variables que generalmente no aparecen suficientemente destacadas en los marcos causales más conocidos, como el orden de nacimiento de los niños o el nacimiento de gemelos (Fenske et al., 2013). Lo que la evidencia científica disponible sí respalda de manera invariable es la naturaleza multicausal de la desnutrición crónica y la necesidad de abordarla con programas y estrategias que tengan múltiples puntos de entrada.
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¿Por qué la desnutrición crónica recibe menos atención humanitaria que la desnutrición aguda, si sus consecuencias a largo plazo son igual o más graves?
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¿Qué es y cómo se diagnostica la desnutrición crónica?
Al igual que la desnutrición aguda, la desnutrición crónica se define por criterios antropométricos: un índice de talla y edad dos desviaciones estándar por debajo de la mediana del estándar de crecimiento infantil de la OMS. Los niños y niñas con desnutrición crónica tienen una talla menor de la que les correspondería tener por su edad.
Esta forma de medir la desnutrición crónica, aunque aparentemente sencilla, supone muchos problemas. Para empezar, requiere un equipamiento (tallímetro) bien calibrado, una persona formada y la cooperación del niño o niña, que debe permanecer sin moverse unos instantes. Esto suele ser difícil al encontrarse en un entorno no conocido o que incluso le produce miedo. Otro problema es que su diagnóstico depende de la edad, un dato que en ocasiones no se recuerda con precisión (especialmente si el parto fue en la comunidad o si no hubo un registro adecuado del nacimiento). Sin embargo, la principal barrera es que la desnutrición crónica no es claramente visible. Por ejemplo, dos niñas de la misma estatura pueden aparentar buen estado de desarrollo físico y no despertar sospechas de desnutrición crónica, si no se sabe que la edad de una de ellas es mucho menor que la de la otra (de Onis & Branca, 2016).
Desnutrición aguda y desnutrición crónica: diferencias y similitudes
La desnutrición aguda y la crónica son dos formas de malnutrición distintas, con múltiples y complejas manifestaciones clínicas. Aunque hay diferencias en su fisiopatología, manifestaciones, diagnóstico y tratamiento, ambas están relacionadas y a veces se presentan juntas.
La desnutrición aguda y la desnutrición crónica se diferencian en sus mecanismos fisiopatológicos, su diagnóstico y su tratamiento
- La desnutrición aguda resulta en una pérdida rápida de peso o en la incapacidad para ganar peso en un momento de alto requerimiento energético. Sin embargo, en la desnutrición crónica, esto se produce de manera sostenida y más prolongada en el tiempo.
- La desnutrición aguda se manifiesta con delgadez y un peso menor del que correspondería para la talla. La desnutrición crónica se manifiesta con baja estatura: una talla o longitud menor de la que corresponde a la edad, sobre todo como consecuencia de un retraso del crecimiento lineal en miembros inferiores durante los dos primeros años de vida (Briend et al., 2015).
- La desnutrición aguda se puede diagnosticar con el índice peso-talla o con la medida del perímetro braquial (MUAC), mientras que la desnutrición crónica se diagnostica con el índice talla-edad.
- Existe tratamiento para la desnutrición aguda: la desnutrición aguda severa se trata con RUTF y antibióticos, y la moderada con suplementos nutricionales. Ambas se pueden recuperar en semanas. Sin embargo, no existe tratamiento para la desnutrición crónica, que puede provocar daños físicos y cognitivos irrecuperables. Aunque la desnutrición aguda también puede dejar secuelas, estas se conocen peor (Bhutta et al., 2017).
- En el mundo hay aproximadamente el triple de niños y niñas con desnutrición crónica que con desnutrición aguda (UNICEF et al., 2025).
La desnutrición aguda y la desnutrición crónica comparten factores de riesgo y una asociación con un riesgo elevado de muerte
A pesar de sus diferencias, la desnutrición aguda y la crónica tienen muchos aspectos en común:
- Las causas de ambos tipos de malnutrición son muy similares (Bhutta et al., 2017). Existen pocos factores de riesgo de un tipo que no impacten sobre el otro y algunos estudios demuestran que la desnutrición aguda en ocasiones actúa como causa de la desnutrición crónica (Briend et al., 2015).
- Ambos tipos de malnutrición se concentran principalmente en el sur de Asia y en África, las zonas con más prevalencia de malnutrición del mundo (UNICEF et al., 2025).
- Tanto en la desnutrición aguda como en la crónica se altera la composición del cuerpo, con una reducción en la masa muscular y grasa, lo que puede comprometer la función de los órganos vitales. La pérdida de masa muscular es menos pronunciada en la desnutrición crónica (Briend et al., 2015).
- Ambas formas de malnutrición están asociadas con un mayor riesgo de mortalidad infantil, aunque cuando la desnutrición es severa, el riesgo de mortalidad aumenta considerablemente en el caso de la aguda y aún más cuando ambas condiciones se producen a la vez en el mismo niño o niña, por las interacciones que existen entre ellas (Briend et al., 2015).
Sin tratamiento eficaz, el abordaje de la desnutrición crónica es preventivo y multisectorial
No existe un tratamiento eficaz contra la desnutrición crónica. Simplemente, no es posible recuperar el crecimiento y el desarrollo cognitivo perdidos durante meses e incluso años tomando suplementos nutricionales. Por este y otros motivos, la lucha contra este problema siempre ha quedado en un segundo plano. Sin embargo, la reducción de la desnutrición crónica podría tener un enorme impacto en la economía y las oportunidades futuras de los hogares más pobres, sus comunidades y sus naciones (Shekar et al., 2017).
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¿Bajo qué condiciones puede la acción humanitaria contribuir realmente a prevenir la desnutrición crónica, cuando sus causas son estructurales y sus efectos se manifiestan a largo plazo?
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Para luchar contra la desnutrición crónica hay que abordar las causas del hambre

Incidir de forma preventiva en el hambre y sus causas permite reducir la prevalencia de la desnutrición crónica, detectarla y tratar de frenar su avance durante la primera infancia, y atenuar sus consecuencias. Estos esfuerzos incluyen también la acción contra la desnutrición aguda, la malnutrición en todas sus formas, la inseguridad alimentaria, la pobreza y la desigualdad (Action Against Hunger, 2023).
La prevención de la desnutrición crónica requiere un compromiso por la paz y la sostenibilidad del medio ambiente, y acciones de incidencia que la coloquen entre las prioridades de los titulares de obligaciones y responsabilidades. Además, son necesarios programas que garanticen el acceso a alimentación, agua, saneamiento, higiene y servicios de salud en crisis humanitarias, programas de apoyo a las familias y personas cuidadoras con enfoque de género, y sistemas completos de cobertura sanitaria universal para todas las personas, y sobre todo para las más vulnerables.
Aunque es prioritario que estas acciones centren sus efectos en las mujeres embarazadas, los niños menores de 2 o 3 años y sus familias, la de los «mil días» no es la única ventana de oportunidad. El crecimiento no se detiene a los dos años. Al contrario, en la adolescencia se produce un segundo periodo de aceleración del desarrollo, que se debe aprovechar para recuperar parte del retraso acumulado anteriormente (UNICEF Innocenti, 2017). En este periodo, además, aumenta también el riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad, si la dieta no es adecuada.
Referencias
- Action Against Hunger. (2023). Chronic malnutrition: An action framework for a preventive and multi-sector approach. https://accioncontraelhambre.org/sites/default/files/documents/chronic-prevention_techpaper_acf_2023_en_web.pdf
- Bhutta, Z. A., Berkley, J. A., Bandsma, R. H. J., Kerac, M., Trehan, I., & Briend, A. (2017). Severe childhood malnutrition. Nature Reviews Disease Primers, 3, 17067. https://doi.org/10.1038/nrdp.2017.67
- Briend, A., Khara, T., & Dolan, C. (2015). Wasting and stunting—Similarities and differences: Policy and programmatic implications. Food and Nutrition Bulletin, 36(1_suppl1), S15–S23. https://doi.org/10.1177/15648265150361S103
- de Onis, M., & Branca, F. (2016). Childhood stunting: A global perspective. Maternal & Child Nutrition, 12(S1), 12–26. https://doi.org/10.1111/mcn.12231
- Fenske, N., Burns, J., Hothorn, T., & Rehfuess, E. A. (2013). Understanding child stunting in India: A comprehensive analysis of socio-economic, nutritional and environmental determinants using additive quantile regression. PLOS ONE, 8(11), Article e78692. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0078692
- Prendergast, A. J., & Humphrey, J. H. (2014). The stunting syndrome in developing countries. Paediatrics and International Child Health, 34(4), 250–265. https://doi.org/10.1179/2046905514Y.0000000158
- Shekar, M., Kakietek, J., Dayton Eberwein, J., & Walters, D. (2017). An investment framework for nutrition: Reaching the global targets for stunting, anemia, breastfeeding, and wasting. World Bank. https://doi.org/10.1596/978-1-4648-1010-7
- UNICEF Office of Research – Innocenti. (2017). The adolescent brain: A second window of opportunity. A compendium. UNICEF. https://www.unicef-irc.org/publications/pdf/adolescent_brain_a_second_window_of_opportunity_a_compendium.pdf
- UNICEF, WHO, & World Bank. (2025). Levels and trends in child malnutrition: UNICEF/WHO/World Bank Group joint child malnutrition estimates: Key findings of the 2025 edition. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/9789240112308
- World Health Organization. (2016). Childhood stunting: Context, causes and consequences — Conceptual framework. https://www.who.int/publications/m/item/childhood-stunting-context-causes-and-consequences-framework
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Cómo citar esta página
Abarca, B. (5 de noviembre de 2026). Desnutrición crónica infantil (stunting): causas y prevención. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/desnutricion-infantil-cronica/
