Enfermedades no transmisibles en crisis humanitarias

Texto y foto: Bruno Abarca

Las enfermedades no transmisibles (ENT) engloban un amplio grupo de patologías como la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedades renales, cáncer, patologías neurológicas y otros problemas de salud mental.

Causan tres de cada cuatro muertes, la mayoría de ellas en países de ingresos medios y bajos. Y es precisamente en estos países donde se concentran las crisis humanitarias y donde el manejo de las ENT sigue siendo hoy una prioridad olvidada, lo que dificulta su diagnóstico temprano y la continuidad de cuidados. Sin esta atención sanitaria, problemas de salud crónicos se convierten en urgencias vitales que causan mucho sufrimiento a las personas que los padecen.

Importancia de las enfermedades no transmisibles en crisis humanitarias

La carga de las enfermedades no transmisibles en emergencias humanitarias parece ser cada vez mayor pero es difícil de medir

Las enfermedades no transmisibles suponen un desafío global. En el mundo, son responsables del 75% de todas las muertes. Sin embargo, ni estas patologías ni sus consecuencias se distribuyen de manera uniforme: el 82% de las muertes debidas a ENT antes de los 70 años de edad se producen en países de ingresos medios y bajos (World Health Organization, 2025).

¿Y en crisis humanitarias? Sencillamente, no lo sabemos, o no lo sabemos con la suficiente precisión. Desde hace ya años se observaba que en estos contextos, la morbimortalidad por enfermedades crónicas aumentaba (Spiegel et al., 2010). Sin embargo, tan solo tenemos cifras de algunas crisis humanitarias, gracias a estudios que han identificado una prevalencia del 21,8% de ENT en personas refugiadas sirias en Jordania o que muestran que un tercio de las familias sirias desplazadas a Irak tenía al menos un miembro padeciendo una de estas patologías (Asgary et al., 2022).

Por desgracia, hoy sigue siendo un fenómeno poco estudiado. Frente a las enfermedades infecciosas y la malnutrición, históricamente consideradas las principales prioridades de salud en acción humanitaria, las ENT han quedado en un segundo plano. Es más, a menudo se equipara erróneamente la situación existente en países de bajos ingresos con la que se produce en una población desplazada o afectada por un conflicto (Kehlenbrink et al., 2019).

En 2026, hablar de la importancia de las ENT en contextos humanitarios nos obliga a hacer inferencias, sin poder apoyarnos lo suficiente en datos objetivos, que son escasos. Algunos estudios puntuales muestran aumentos en la prevalencia de algunas patologías como diabetes o hipertensión en población desplazada frente a población no desplazada, o tras producirse un conflicto civil en una población ya estudiada previamente (Aoun et al., 2026). A pesar de esto, la calidad de la evidencia es baja y no refleja la realidad de todas estas patologías, ni de los contextos en África y Sudamérica, menos estudiados (Ngaruiya et al., 2022).

De lo que sí hay evidencia más clara y sólida es del aumento de los factores de riesgo para estas patologías crónicas, así como de las consecuencias que se producen debido a la falta de acceso a la atención médica continuada en crisis humanitarias.

Las personas que padecen enfermedades no transmisibles en contextos humanitarios carecen de la atención continuada que necesitan

El manejo de las patologías crónicas no es suficientemente priorizado en muchos contextos humanitarios, ni por las autoridades públicas ni por el resto de actores humanitarios. La atención a estas necesidades de salud requiere de una continuidad de cuidados que, a menudo, queda completamente olvidada e interrumpida como resultado de un conflicto o un desplazamiento forzado de la población. Existen numerosos ejemplos de ello: 

  • En 2012 se produjeron en Mali una rebelión tuareg en el norte y un golpe de Estado militar en Bamako, que desplazaron a casi medio millón de personas. Una ONG local centrada en la diabetes denunció que la crisis desestabilizó el acceso a servicios de salud y medicamentos para sus pacientes, y que las agencias de Naciones Unidas que organizaron la respuesta humanitaria no consideraron como una prioridad a la población en necesidad crítica de acceder a su tratamiento (Besançon et al., 2015).
  • Un estudio de 2012 mostró que un 18% de los pacientes con diabetes en una subpoblación palestina refugiada en Jordania tuvo complicaciones tardías graves (Khader et al., 2012), síntoma de la ruptura de la continuidad asistencial. 
  • En una revisión de los registros de 2015 de los centros de salud de los campamentos saharauis, una población refugiada en Argelia desde hacía cuatro décadas, se halló que menos del 10% de las cifras de tensión arterial y glucemia capilar registradas en pacientes con hipertensión o diabetes se situaban dentro de rangos normales  (MSP Saharaui, 2015).
  • En Siria, un país afectado por un conflicto que comenzó en 2011, el 60% de los pacientes con diabetes que requerían insulina en 2016 carecían de acceso a ella. En 2024, la disponibilidad media de medicamentos para el tratamiento de la diabetes en servicios públicos de salud era tan solo del 34,1% (Aljadeeah et al., 2025).
  • En abril de 2023, el conflicto en Sudán dio lugar a una gran crisis humanitaria. En pocos meses, la mayoría de los hospitales y centros de diálisis del país dejaron de estar funcionales. Como consecuencia, se estima que el 56,9% de los pacientes que necesitaban sesiones regulares de hemodiálisis no pudieron mantenerlas. Esto dio lugar a que el 65,2% desarrollara complicaciones médicas y que el 62,7% experimentara síntomas de ansiedad clínicamente significativos (Idrees et al., 2025).
  • En Gaza, en 2024, la adherencia al seguimiento médico continuado entre pacientes con enfermedades no transmisibles bajó de un 96,7% a un 40,7%, y aproximadamente uno de cada cuatro pacientes con diabetes tipo 1 o asma pasaron dos o más meses seguidos sin acceso a su medicación, como resultado de la guerra (Aldabbour et al., 2025).

Dependiendo de cada contexto, la falta de acceso a los servicios de salud necesarios para el manejo de las patologías crónicas es el resultado de distintos factores. Entre estos se encuentran los ataques a centros médicos y el daño a infraestructuras, el desplazamiento forzado de la población y el personal sanitario, la imposibilidad de continuar prestando los servicios disponibles antes de la crisis, la falta de protección social de los pacientes, los problemas de coordinación entre proveedores y la disrupción en las cadenas de aprovisionamiento de medicamentos, pruebas diagnósticas y suministros médicos (NCD Alliance, 2024). Todo esto amenaza la continuidad de cuidados para patologías no transmisibles cuyos factores de riesgo también aumentan.

Los factores de riesgo para patologías crónicas se multiplican en conflictos y poblaciones desplazadas

En las crisis humanitarias también se ven severamente afectados los determinantes sociales de la salud y la exposición a factores de riesgo para enfermedades no transmisibles:

  • Estrés y ansiedad. Las personas afectadas por crisis humanitarias están muy expuestas a problemas sociales y factores causantes de estrés: la pérdida de seres queridos, hogares y medios de vida, la separación familiar, el desplazamiento, el miedo, la falta de recursos, la violencia e incluso la tortura. Por ello es común que experimenten ansiedad, estrés, tristeza, pérdida de esperanza, dificultades para conciliar el sueño, e irritabilidad. Muchos de estos problemas empeoran el pronóstico de enfermedades crónicas al mismo tiempo que reducen la búsqueda de atención médica y la adherencia terapéutica (Gyawali et al., 2021).
  • Consumo de alcohol y tabaco. El aumento del estrés y la falta de medidas de prevención y control del consumo del alcohol y del tabaco en contextos humanitarios lo hacen más propenso (UNODC, 2023). Por desgracia, estos hábitos tóxicos son factores de riesgo ampliamente estudiados para las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades pulmonares crónicas, la diabetes tipo 2, diversos tipos de cáncer y las enfermedades hepáticas.
  • Dietas no saludables. El acceso a alimentos variados y de calidad es fundamental para una buena prevención y manejo de la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, en las emergencias humanitarias frecuentemente es errático e insuficiente (Aebischer Perone et al., 2017). Además, cuando la población depende de asistencia alimentaria proporcionada por organizaciones humanitarias, en ocasiones recibe raciones insuficientes, de pobre calidad y escasa diversidad, mantenidas sin mejoras durante largos periodos de tiempo (FAO et al., 2026).
  • Falta de oportunidades para actividad física. En contextos de crisis humanitaria prolongada como los campamentos de población refugiada saharaui en Argelia, casi la mitad de las personas realizan menos actividad física de la recomendada, a pesar de conocer sus ventajas (Andersen et al., 2021). Se trata de una población en la que estudios previos habían identificado que el 53,7% de las mujeres tenían sobrepeso u obesidad, y el 71,4% tenían obesidad central (Grijalva-Eternod et al., 2012).
  • Desigualdad de género. El ejemplo anterior ilustra una realidad más amplia: los roles tradicionales de género, la falta de educación y el bajo nivel socioeconómico y político de las mujeres en muchos contextos humanitarios y de escasos recursos afectan la capacidad de las mujeres para prevenir las enfermedades no transmisibles (NCD Alliance, 2019).
  • Pobreza. Aunque a menudo se ha puesto el foco en el «estilo de vida» como factor de riesgo, hoy sabemos que muchos de los factores de riesgo para las enfermedades no transmisibles están a su vez influenciados por la falta de ingresos. Así, las personas en situación de pobreza tienen menos oportunidades de realizar ejercicio, llevar una dieta sana y adoptar comportamientos que les ayuden a prevenir estas patologías (Manderson & Jewett, 2023).

Estos y otros factores son, a su vez, determinantes de los cambios metabólicos que aumentan el riesgo de enfermedades no transmisibles, como la presión arterial elevada, el sobrepeso y la obesidad, la glucemia elevada y las alteraciones del perfil lipídico en sangre. 

Retos para la prevención y el manejo de enfermedades no transmisibles específicas en contextos humanitarios

Bajo el término de enfermedades crónicas o enfermedades no transmisibles se agrupa una amplia variedad de patologías y problemas de salud. Aunque algunos de los factores de riesgo y los elementos que dificultan la continuidad asistencial son comunes a todas ellas, cada una tiene retos específicos para su prevención, diagnóstico y tratamiento en emergencias humanitarias. 

El manejo de la diabetes en emergencias humanitarias se complica con inseguridad alimentaria y falta de medicación

La diabetes es una enfermedad crónica que ocurre cuando el cuerpo no consigue producir o utilizar la insulina, una hormona sintetizada en el páncreas, necesaria para que la glucosa de la sangre pase a las células y pueda ser utilizada como energía. Como consecuencia, aumenta la glucosa en la sangre, lo que puede terminar produciendo daños en los riñones, los nervios, el corazón o los ojos. Las personas que padecen diabetes pueden necesitar usar medicamentos antidiabéticos todos los días.

Entre los factores que aumentan el riesgo de diabetes en crisis humanitarias, cabe destacar el efecto demostrado del estrés en la liberación de hormonas que liberan glucosa a la sangre incluso sin haber ingerido alimentos. Algunos estudios también han demostrado que la malnutrición durante la etapa fetal y la primera infancia se asocia con intolerancia a la glucosa e hiperglucemia en la vida adulta (Ngaruiya et al., 2022)

El manejo y el control de la diabetes también pueden resultar especialmente complicados para personas que viven en situación de inseguridad alimentaria y que por tanto se ven forzadas a reducir porciones, saltarse comidas, o depender solo de alimentos básicos como pan. A esto se suman las dificultades para poder ser atendidos en centros de salud con personal bien formado y un coste asumible, monitorear las cifras de glucemia en el hogar con tiras reactivas y glucómetros, o acceder a medicamentos antidiabéticos (Ngaruiya et al., 2022). Entre estos destaca la insulina, un medicamento que además de tener un alto coste, requiere cadena de frío para su almacenamiento y transporte (Kehlenbrink et al., 2019)

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En emergencias humanitarias, el manejo adecuado de la diabetes debe estar incluido en el paquete básico de servicios, con un modelo adaptado a las limitaciones impuestas por el contexto (Boulle et al., 2019). Para ello puede ser necesario garantizar la continuidad asistencial de los casos sintomáticos en atención primaria, priorizando el tratamiento de las personas de alto riesgo y las mujeres embarazadas, hasta que la situación permita aumentar la cobertura de servicios y dar a los pacientes más educación y herramientas para el manejo de su propia salud. 

Las enfermedades cardiovasculares en contextos humanitarios se complican por el estrés crónico y las dificultades en el empleo de tratamiento farmacológico

Las enfermedades cardiovasculares afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. La más frecuente es la cardiopatía coronaria, que puede producir angina de pecho e infarto de miocardio. También se incluyen en este grupo la insuficiencia cardíaca, las arritmias, las cardiopatías congénitas y los accidentes cerebrovasculares, por ejemplo.

La diabetes y la hipertensión, principales factores de riesgo cardiovascular, resultan difíciles de controlar para personas afectadas por crisis humanitarias y altamente expuestas a estrés crónico, especialmente en caso de conflicto y desplazamiento forzoso. En el caso de la hipertensión, por ejemplo, a pesar de contar con tratamientos económicos, a menudo se interrumpen, al ser una condición habitualmente asintomática. En cualquier caso, se trata de un fenómeno poco estudiado, especialmente en África, y desde la experiencia de las personas que lo padecen (Keasley et al., 2020).

El manejo de las enfermedades cardiovasculares también resulta difícil en muchos de estos contextos, cuando el personal sanitario no conoce cómo evaluar el riesgo de cada paciente, no sabe darle la información que necesita, o no tiene claro en qué casos y de qué manera hay que iniciar tratamiento farmacológico para reducir los lípidos y el colesterol en sangre. También se han identificado problemas relacionados con la falta de confianza de las personas usuarias hacia el personal sanitario que les ofrece consejo terapéutico sin conocerse previamente, y cuando las recomendaciones relacionadas con cambios en el estilo de vida son percibidas como poco realistas en las condiciones actuales de vida (Collins et al., 2017).

La patología respiratoria crónica tiene un alto impacto poco estudiado en contextos humanitarios

Bajo el término de enfermedad pulmonar crónica se agrupan varias condiciones. Las más comunes son el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una afección que incluye la bronquitis crónica y el enfisema.

Estas patologías tienen un alto impacto en la población que vive en países de rentas medias y bajas, debido a las variaciones de temperatura y humedad, la baja calidad del aire respirado dentro de hogares mal ventilados y con humo, el consumo de tabaco, y la exposición a la contaminación ambiental y eventos climáticos extremos (Boutros et al., 2024). Además, carecen de suficiente acceso a servicios de salud para su diagnóstico temprano con cuestionarios y espirometría y tratamiento con medicación e inhaladores. Todo esto se complica aún más en contextos humanitarios, en los que junto a la exacerbación de los factores de riesgo habituales, pueden aparecer otros nuevos, como la exposición a armas químicas (Ngaruiya et al., 2022)

La patología renal en contextos humanitarios se enfrenta al reto de garantizar el acceso a la diálisis

Las enfermedades renales son una serie de enfermedades no transmisibles altamente prevalentes que pueden progresar hasta el fracaso renal. Cuando esto ocurre, la supervivencia del paciente solo es posible con un trasplante renal o con diálisis: hemodiálisis o diálisis peritoneal.

La hemodiálisis es una terapia generalmente ofrecida en hospitales o centros de diálisis que requiere una máquina específica y varias sesiones semanales, de varias horas de duración cada una. En emergencias humanitarias se puede interrumpir el acceso a electricidad, a agua limpia, a suministros médicos estériles y a servicios de hemodiálisis con personal formado. Cuando esto ocurre, incluso aunque sea solo durante unos pocos días, las vidas de los pacientes que dependen de ella pueden verse amenazadas (Sharma et al., 2025)

Una alternativa a la hemodiálisis en contextos de desastre natural y emergencias humanitarias es la diálisis peritoneal, ya que puede emplearse en refugios colectivos y el hogar de los pacientes (Sharma et al., 2025). Es una terapia que utiliza el peritoneo del paciente como filtro, por lo que la maquinaria necesaria es más sencilla y puede ser empleada por el propio paciente, una vez que conoce cómo usarla. Sin embargo, tan solo está disponible en el 32% de los países de renta baja, a pesar de ser allí donde más falta puede hacer (Bello et al., 2022). Además, necesita unas condiciones adecuadas en el hogar: agua limpia e higiene, electricidad y un correcto suministro domiciliario de soluciones de diálisis. Sin estos elementos, la diálisis peritoneal puede aumentar el riesgo de peritonitis y producir peores resultados que la hemodiálisis (Gorbatkin et al., 2020)

El cáncer supone una importante amenaza en crisis humanitarias por la falta de medios diagnósticos y terapéuticos

El cáncer es una enfermedad que se produce cuando algunas células del cuerpo tienen un crecimiento anormal y se diseminan a otras partes del cuerpo. Al invadir tejidos y órganos, los dañan. Existen muchos tipos de cáncer, según las células afectadas y el órgano u órganos en que se localicen. Dependiendo de ello y de su estadio, su diagnóstico y tratamiento pueden ser más o menos complicados. Hay cánceres que pueden extirparse con cirugía, pero en muchos casos pueden requerir una combinación de tratamientos con quimioterapia y radioterapia, por ejemplo. Algunos cánceres pueden ser compatibles con la vida durante mucho tiempo, mientras que otros cursan con rápido deterioro y gran sufrimiento, y pueden producir la muerte con rapidez.

A pesar de que la prevalencia del cáncer aumenta a nivel global, continúa siendo un grave problema poco estudiado y conocido en contextos humanitarios. A diferencia de otras enfermedades no transmisibles, los grandes retos en el manejo de este grupo de patologías comienzan mucho antes de los obstáculos para la continuidad asistencial. Como resultado de los ataques a centros sanitarios y la disrupción de la provisión de servicios esenciales de salud, el diagnóstico de cáncer, de producirse, llega tarde. Esto dificulta el control de la progresión del cuadro clínico, reduce las opciones terapéuticas e incrementa el coste del tratamiento a un nivel que la mayoría de las personas en estas circunstancias no puede afrontar (Alawa et al., 2019).

La falta de capacidad diagnóstica y terapéutica para el cáncer es habitual en muchos países con escasos recursos incluso antes de que se produzca una crisis humanitaria. Una evaluación de la capacidad para el control del cáncer de mama en 2022 en 42 países africanos identificó que solo 20 tenían centros especializados en su tratamiento, que 18 no disponían de servicios de radioterapia, y que había una escasez generalizada de personal médico especializado en oncología (WHO AFRO, 2024).

A todo lo anterior se suma que, en contextos humanitarios, resulta difícil y caro asegurar la referencia a un nivel asistencial superior accesible (Spiegel et al., 2014). Tampoco suele existir la capacidad de garantizar cuidados paliativos que permitan aliviar el sufrimiento físico, espiritual y psicológico de los pacientes y sus familias, que ven progresar el cáncer hacia un estadio incurable.

El abordaje de la epilepsia y la salud mental debe estar integrado en la atención médica y las consideraciones psicosociales de la acción humanitaria

Junto a los problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión o el trastorno postraumático, que pueden necesitar atención médica y apoyo psicosocial, también existen importantes patologías neurológicas que producen un gran sufrimiento a las personas que las padecen en crisis humanitarias. Entre ellas es preciso destacar la epilepsia, una condición caracterizada por la ocurrencia repetitiva e impredecible de crisis de actividad eléctrica cerebral que pueden provocar convulsiones, sensaciones extrañas, caídas y pérdidas de conocimiento. Es el trastorno neurológico más frecuente en personas desplazadas y refugiadas (Hafsa et al., 2023).

La epilepsia y otros trastornos neurológicos a menudo necesitan diagnóstico y medicación especializados, difíciles de acceder en contextos humanitarios. Si las personas que las padecen no disponen del tratamiento continuo que necesitan, quedan expuestas a crisis incontrolables y otras complicaciones, que se superponen al estigma frecuentemente asociado con estas patologías y al impacto general del desplazamiento y la violencia (Hafsa et al., 2023)

Resulta prioritario incluir el manejo de problemas de salud mental y neurológicos en todos los servicios de salud, y su continuidad durante las emergencias. Además, su abordaje requiere de una adecuada integración de la salud mental y el apoyo psicosocial en todos los sectores de la acción humanitaria.

Avances en el abordaje de las enfermedades no transmisibles en contextos humanitarios

A lo largo de los años ha habido bastantes avances en la inclusión de las enfermedades no transmisibles en el campo normativo y de política de salud global y acción humanitaria (NCD Alliance, 2024). Entre ellos merece la pena destacar los siguientes:

  • En mayo de 2013, la Asamblea Mundial de la Salud reconoció la carga global de las ENT y adoptó un marco global para su monitoreo y un plan de acción global para su prevención y control 2013-2020 (WHO, 2013).
  • En  2016, la importancia de las ENT a nivel global quedó subrayada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ese mismo año, además, los compromisos de la Cumbre Humanitaria Mundial dieron pie a alinear mejor los objetivos de la cooperación al desarrollo y los de la acción humanitaria, ayudando a superar la falsa dicotomía entre salvar vidas y aliviar sufrimiento, al menos en el terreno declarativo (NCD Alliance, 2024).
  • Desde las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud también se ha vuelto a impulsar la prevención y el control de las ENT en declaraciones de 2018 (UN GA, 2018), 2022 y 2025. En estas declaraciones también se abordó la necesidad de integrar este enfoque en la acción humanitaria y en todos sus marcos de respuesta (UN GA, 2025).

En paralelo a estas declaraciones políticas, también se han desarrollado nuevas importantes herramientas y guías técnicas para integrar servicios para la prevención y el control de enfermedades crónicas en acción humanitaria. Entre ellas destacan las siguientes:

  • En 2010 vio la luz el paquete de intervenciones esenciales de ENT para la atención primaria de salud (PEN), marcando el camino para mejorar la cobertura de estos servicios especialmente en contextos con recursos limitados. Este paquete se volvió a actualizar en 2020 (World Health Organization, 2020).
  • En su edición de 2011, el Manual Esfera recogió por primera vez los servicios para el manejo de las ENT, con el foco puesto en la estabilización de los pacientes (Aebischer Perone et al., 2017). En 2018 esta sección se amplió, llegando a sugerir que en crisis humanitarias se podía partir de una estimación base de una prevalencia del 15-30% de hipertensión arterial y del 5-20% de diabetes. En esta sección también se recomendó considerar como personas con necesidades prioritarias a aquellas con asma severa o diabetes insulino-dependiente. Además, se añadió una sección nueva para abordar la necesidad de cuidados paliativos (Sphere Association, 2018).
  • En 2016 la OMS publicó el kit de ENT, que se actualizó de nuevo en 2022. Esta herramienta establece un listado de productos médicos necesarios de referencia para su tratamiento en contextos de emergencia (WHO, 2024)
  • En 2020 se publicó la primera guía operativa para asegurar la atención médica de calidad a personas con ENT en contextos humanitarios (UNHCR et al., 2020). Ese mismo año, IRC publicó también un paquete de intervenciones esenciales de ENT para contextos humanitarios, adaptando el PEN. Esta guía incluía también información y orientación técnica acerca del rol de agentes comunitarios/as de salud para la promoción de la salud y el seguimiento continuado de pacientes (IRC, 2020).
  • En 2024, el clúster global de salud definió un paquete de servicios de salud de alta prioridad para la respuesta humanitaria (H3 package) en crisis humanitarias y emergencias prolongadas. Este paquete, adaptable a cada contexto, incluye el manejo de múltiples ENT y cuidados paliativos (WHO & GHC, 2024).

A pesar de estos avances, las necesidades de las personas que viven con enfermedades crónicas aún no quedan lo suficientemente cubiertas en contextos humanitarios. Más allá de la falta de servicios, se sigue tratando de un problema poco estudiado en las emergencias humanitarias que ocurren en los países más pobres. Allí aún se necesita más y mejor evidencia que ayude a adaptar programas que garanticen la continuidad asistencial a largo plazo (Asgary et al., 2022)

Referencias

Gemini Notebook

Puedes revisar mis referencias bibliográficas sobre enfermedades no transmisibles en crisis humanitarias con este NotebookLM, un asistente de investigación basado en inteligencia artificial. ¿Quieres saber más?

Cómo citar esta página

Abarca, B. (9 de septiembre de 2026). Enfermedades no transmisibles en crisis humanitarias. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/enfermedades-no-transmisibles-en-crisis-humanitarias/

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