Del Grand Bargain (2016) a la crisis del sistema humanitario (2025)
- Página actualizada el27 de agosto de 2026

Tras la Agenda Transformadora de 2011 y hasta la crisis de financiación de 2025, las organizaciones humanitarias se multiplicaron y crecieron, aumentando su capacidad de respuesta y profesionalización al mismo tiempo que algunas iniciativas como el Manual Esfera o la Norma Humanitaria Esencial maduraron y se consolidaron.
Sin embargo, también fueron años marcados por un aumento de las necesidades humanitarias y por grandes promesas de reforma del sector y escasos cambios reales. Entre estas promesas estaban las de la Agenda para la Humanidad y el Grand Bargain de 2016, que marcaron el periodo, pero sin terminar de producir cambios profundos en la manera en la que la acción humanitaria se financiaba; tampoco en el empoderamiento real de las organizaciones locales y nacionales, que reclamaban su espacio y cuota de poder en el sistema.
En 2025 la crisis de financiación humanitaria forzó la contracción de la acción humanitaria y del sistema que la sostenía.
Tabla de contenidos:
La Cumbre Humanitaria Mundial y la Agenda para la Humanidad de 2016
Aunque el sistema humanitario crecía, no conseguía hacer frente a las crecientes necesidades
La década de 2010 fue testigo de importantes crisis humanitarias, como las relacionadas con los conflictos prolongados que se iniciaron en Siria (2011), Sudán del Sur (2013) o Yemen (2014), la epidemia de ébola en África del Oeste (2013-2016), la emergencia producida por el tifón Haiyan en Filipinas (2013), la crisis migratoria del Mar Mediterráneo, el éxodo de los Rohingya de Myanmar, o las crisis de Colombia y Venezuela, entre otras (The New Humanitarian, 2020).
A lo largo del periodo, se produjeron grandes crisis migratorias que dieron auge a numerosos movimientos políticos nacionalistas y populistas. En paralelo, el sistema humanitario experimentó un crecimiento sostenido, pero insuficiente para cubrir las necesidades humanitarias, que aumentaban aún más en grandes guerras civiles prolongadas (Knox Clarke, 2018).
Algunas nuevas declaraciones y resoluciones de las Naciones Unidas resultaron clave en este contexto. Entre ellas destacaron la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes de 2016 y los posteriores Pactos Mundiales de 2018 sobre la Migración (United Nations, 2018a) y los Refugiados (United Nations, 2018b). También se impulsó la Resolución 2286 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para la protección de la asistencia sanitaria en conflictos (UN Security Council, 2016). Pero si algo marcó el periodo fueron la Cumbre Humanitaria Mundial y el Grand Bargain.
En 2012 se inició el camino hacia la Cumbre Humanitaria Mundial de 2016 y su Agenda para la Humanidad
En febrero de 2012, Ban Ki-moon, entonces Secretario General de las Naciones Unidas, convocó para mayo de 2016 la primera Cumbre Humanitaria Mundial, en Estambul. Lo hizo aprovechando que se cumplían 25 años desde que en 1991 se publicase la resolución 46/182, base de la manera formal en la que el sistema humanitario comenzó a organizarse desde entonces. Se inspiró además en la reunión que las potencias aliadas mantuvieron en 1941 en Londres para comprometerse con la cooperación internacional (UN Secretary-General, 2016).
De cara a esta cumbre, Ban Ki-moon inició una consulta que, tras dos años de trabajo (WHS Secretariat, 2015), culminó con una propuesta de Agenda para la Humanidad, publicada en febrero de 2016. En este documento se propusieron cinco áreas críticas: liderazgo político para ayudar a prevenir y poner fin a los conflictos, garantizar el respeto de las reglas de la guerra, no dejar a nadie atrás, pasar de un enfoque de «dar ayuda» a «acabar con la necesidad», e invertir en humanidad (UN Secretary-General, 2016). La Cumbre Humanitaria Mundial de mayo de 2016 se organizó para impulsar la Agenda para la Humanidad y promover nuevos compromisos adicionales de todos los actores en torno a los cinco ejes predefinidos en ella (OCHA, 2016).
De los compromisos de la Cumbre Humanitaria Mundial de 2016, pronto solo quedaron el nexo humanitario-desarrollo-paz y el Grand Bargain
Lejos de los inspiradores cambios del sistema humanitario en los 90, o de la concreción de la reforma humanitaria de 2005 y la Agenda Transformadora de 2011, con objetivos mucho más operativos y concretos, la propuesta que se presentó en Estambul en mayo de 2016 era mucho más amplia y, en cierto modo, difusa. No pretendía alcanzar compromisos concretos ni lanzar ningún tipo de proceso de reforma (Knox Clarke, 2018).
Muchos tildaron la cumbre de oportunidad perdida (Bennett, 2016) y MSF, por ejemplo, la abandonó (MSF, 2016). La organización insistía en la pertinencia de discutir asuntos clave como los ataques contra personal sanitario y organizaciones humanitarias, las barreras al acceso humanitario, el maltrato de personas refugiadas y migrantes que huían de las guerras, o las debilidades en la respuesta a la crisis del Ébola en África Occidental. Sin embargo, en la Cumbre Humanitaria Mundial no se discutieron estos temas (Aly, 2016). En lugar de abordar estas cuestiones partiendo del análisis crítico de errores y lecciones aprendidas, se limitaba a promover compromisos tan bienintencionados como genéricos y vacíos, minimizando la responsabilidad de los estados y diluyendo la asistencia humanitaria en agendas políticas y de desarrollo (MSF, 2016).

Muy pronto, la mayoría de estos compromisos voluntarios, sin presupuesto asignado ni plan de monitoreo, se fueron apagando (Knox Clarke, 2018). De todas las ideas y compromisos que alimentaban la Agenda para la Humanidad, apenas quedaron en pie los relativos al nexo humanitario-desarrollo-paz, al mayor apoyo para asegurar el liderazgo de los actores locales y la responsabilidad de mejorar la financiación de la acción humanitaria. Para todo esto se proponía suscribir un gran pacto que había sido propuesto en enero de 2016 por el Panel de Alto Nivel sobre Financiación Humanitaria, en el marco de las consultas previas a la cumbre: el Grand Bargain (High-Level Panel, 2016).
El Grand Bargain: un pacto entre donantes y organizaciones humanitarias
34 actores firmaron un compromiso mutuo por una mejor financiación humanitaria
El Panel de Alto Nivel sobre Financiación Humanitaria al que se pidió que buscara soluciones para cerrar la brecha entre las necesidades humanitarias y los recursos disponibles determinó que era necesario llegar a un pacto entre los principales donantes y organizaciones humanitarias internacionales. Este pacto, llamado Grand Bargain desde el principio, se basaría en el compromiso mutuo de ambas partes: los donantes debían ofrecer más recursos con mayor flexibilidad y las organizaciones humanitarias debían garantizar más transparencia y eficiencia al usar estos recursos (High-Level Panel, 2016).
El Grand Bargain también se basaba en compromisos voluntarios que, de incumplirse, no producían ninguna consecuencia tangible. Sin embargo, a diferencia de la Agenda para la Humanidad, abierta a todo el mundo, el Grand Bargain nació como una mesa en la que solo un selecto grupo de poderosos podía sentarse a negociar: los cinco principales donantes humanitarios y las seis mayores agencias humanitarias de las Naciones Unidas, sin más (IASC, n.d.).
Entre enero y mayo de 2016, la idea evolucionó, concretando los diez puntos principales del pacto y abriéndose a más actores. En el día de su firma, el 23 de mayo de 2016, el pacto quedaría acordado entre 34 actores: 18 donantes (Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia, la Comisión Europea y 13 países europeos), el Banco Mundial, la OIM, 9 agencias de Naciones Unidas, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC), y 3 alianzas internacionales de ONG (ICVA, InterAction y el Steering Committee for Humanitarian Response) (IASC, 2016).
El Grand Bargain se concretó en 10 áreas temáticas de trabajo
El pacto alcanzado entre todas las partes se concretó en 51 compromisos distribuidos en 10 áreas temáticas de trabajo (workstreams) (IASC, 2016):
- Mayor transparencia. Para ello se decidió apostar por el desarrollo y el uso de la International Aid Transparency Initiative (IATI) y el Financial Tracking Service (FTS) de OCHA.
- Mayor apoyo y financiación para actores locales y nacionales. Bajo la intención de hacer la acción humanitaria «tan local como sea posible y tan internacional como sea necesaria», se asumieron varios compromisos para la localización, incluyendo el de alcanzar un 25% de financiación directa para actores locales y nacionales.
- Aumentar el uso y la coordinación de las transferencias monetarias. El Grand Bargain constituyó un importante impulso para esta modalidad de asistencia humanitaria, que cobraba cada vez más relevancia.
- Reducir la duplicación y los costes de gestión. Se apostaba por aumentar la proporción de financiación dirigida directamente al beneficio de las personas afectadas por las crisis y por introducir innovaciones tecnológicas que ayudaran a aumentar la eficiencia de la ayuda.
- Mejorar evaluaciones de necesidades imparciales y conjuntas. El pacto quiso impulsar los esfuerzos iniciados en los años anteriores para la mejora de la calidad y la coordinación en las evaluaciones de necesidades, de modo que realmente ayudaran a una toma de decisiones estratégica acerca de qué emergencias y respuestas necesitaban más recursos.
- Una revolución de la participación. Se propuso impulsar la Norma Humanitaria Esencial, publicada tan solo dos años atrás, junto con más iniciativas para aumentar el diálogo comunitario, la inclusión de las personas afectadas por crisis humanitarias en la toma de decisiones y la rendición de cuentas.
- Mejorada la financiación de calidad con más financiación multianual. Quedaba así reflejada una de las grandes demandas históricas de las organizaciones humanitarias, especialmente en contextos con crisis prolongadas y para respuestas con un horizonte temporal amplio.
- Una financiación de calidad más flexible con menos restricciones. La otra gran demanda en torno a la financiación se refería a contar con fondos menos limitados a un uso concreto predefinido (earmarked) y apostar por contribuciones que las organizaciones humanitarias pudieran reconducir con agilidad en contextos volátiles según las prioridades que se fueran identificando.
- Armonizar y simplificar los requisitos de reporte. Se reconocía que estos requisitos habían ido multiplicándose y perdiendo eficiencia a la vez que aumentaban los eslabones en la cadena, pasando por ONG nacionales e internacionales, agencias de las Naciones Unidas y finalmente los donantes institucionales.
- Mejorar la colaboración entre actores humanitarios y de desarrollo. Se interpretó que las contribuciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible podían ayudar a reducir las necesidades humanitarias, al mismo tiempo que se podía invertir en una acción humanitaria que contribuyese a aumentar la resiliencia de las poblaciones ante eventuales nuevas crisis y riesgos sin sacrificar los principios humanitarios, impulsando así el enfoque de nexo humanitario-desarrollo-paz.
El Grand Bargain fue una iniciativa estructurada con seguimiento periódico y un progreso irregular
El Grand Bargain no se limitó a una lista inicial de compromisos. Aunque eran voluntarios y no se contemplaban en el pacto sanciones por su incumplimiento, sí se establecieron mecanismos de seguimiento periódico de los logros alcanzados. Para ello se encargó al Humanitarian Policy Group (HPG) de ODI una evaluación independiente anual (Metcalfe-Hough et al., 2021). Estos y otros análisis mostraron cómo en algunas áreas había más progreso que en otras, tras un inicio lastrado por nueva burocracia (Redvers, 2017).
Entre los aspectos positivos que se identificaron en los primeros cinco años desde la firma del pacto destacaron el hecho de conseguir más firmantes (alcanzando un total de 63) y crear una plataforma de colaboración y resolución de problemas con todos ellos. Además, se avanzó mucho con las transferencias monetarias y se mejoraron las herramientas y procedimientos para hacer evaluaciones de necesidades y reporte armonizado. También hubo avances, aunque insuficientes, en la localización y en la introducción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres como un nuevo tema transversal.
Otras áreas temáticas, sin embargo, avanzaron menos o no consiguieron superar las barreras para el cambio. Por ejemplo, a pesar de algunas iniciativas, apenas se consiguió más transparencia acerca del uso y el impacto de la financiación. Tampoco se resolvieron importantes problemas para la coordinación de las transferencias monetarias ni se produjeron apenas cambios en los mecanismos de financiación. Otros aspectos, como el aumento de la participación o el estudio de cómo reducir los costes de gestión, también quedaron casi olvidados.
Del Grand Bargain al Grand Bargain 2.0 y al Grand Bargain beyond 2023
En 2021 se revisó y redefinió el Grand Bargain en una segunda versión del pacto global: el Grand Bargain 2.0. En esta actualización, el acuerdo entre donantes y organizaciones humanitarias, ya con mayor participación de actores locales y nacionales, fijó como objetivo una mayor efectividad, eficiencia y rendición de cuentas de la ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, se centró la atención en menos prioridades clave: la calidad de la financiación y el apoyo para asegurar el liderazgo y la capacidad de los actores locales y para aumentar la participación de las comunidades afectadas (IASC, 2021).
La actualización mantuvo muchas de las áreas temáticas del acuerdo anterior y destacó como temas transversales de la reforma humanitaria el género y la mejora de la gestión compartida de riesgos. También estableció una manera más sencilla de organizarse y de trabajar en la incidencia política con actores clave para el cambio.
En 2023 se volvieron a revisar las prioridades del acuerdo y sus estructuras de coordinación y gobernanza, con vistas a completar una década de trabajo. A las prioridades anteriores se añadió el fortalecimiento del nexo humanitario-desarrollo-paz para la preparación y respuesta rápida ante futuras crisis y para apoyar la recuperación en crisis prolongadas (IASC, 2023).
La falta de consecuencias por el incumplimiento de los compromisos lastraron al Grand Bargain
Aunque el Grand Bargain llegó más lejos que la Agenda para la Humanidad y sus cientos de compromisos, los años evidenciaron que no basta con hacer promesas ambiciosas. El pacto sirvió para poner el foco en importantes debilidades y prioridades de reforma del sistema humanitario, pero no llegó a producir los cambios que necesitaba (Loy, 2024).
¿Por qué diez años después del Grand Bargain no se habían cumplido los compromisos que se pactaron? Posiblemente, porque lograrlos requería hacer importantes cambios en el interior de grandes organizaciones y redistribuir poder, sin que hubiese incentivos reales para hacerlo ni repercusiones por no hacerlo (Gérard, 2026). Dar más poder y recursos directamente a las organizaciones locales es algo que muchas organizaciones internacionales y donantes apoyan, pero solo hasta que les toque sus propios intereses y les obligue a asumir nuevos riesgos.
El impulso de las organizaciones humanitarias nacionales y el liderazgo de las comunidades
Más allá de los compromisos del Grand Bargain, muchas ONG se movilizaron en este periodo para promover el liderazgo de las organizaciones locales y nacionales en el sistema humanitario y las respuestas a crisis y emergencias.
La creación de NEAR, una red de ONG del Sur Global
La iniciativa central para impulsar a las organizaciones nacionales y locales vino desde el Sur Global, cuando Degan Ali, directora de Adeso, una ONG con sede en Nairobi fundada en 1991, fundó NEAR (Network for Empowered Aid Response). Era 2012 y un grupo de líderes de ONG locales y nacionales de diferentes países en América, África y Asia presentes en una reunión de ICVA (International Council of Voluntary Agencies) en Ginebra no se sentían representados en una red global que incluía tanto ONG internacionales como nacionales, pero que había nacido en Europa. Movida por un sentimiento de falta de pertenencia a instituciones del Norte Global como esta, Ali comenzó a madurar la idea de construir una red global para ONG del Sur Global (Ali, 2026).
No fue una tarea fácil. Adeso no contaba con fondos propios ni financiación flexible que le permitiese invertir en la iniciativa, por lo que realizar un estudio de viabilidad de NEAR o establecer relaciones con otras ONG nacionales y locales que tampoco contaban con fondos propios para participar en reuniones con este fin supuso un gran reto. A pesar de todo, NEAR se lanzó el 22 de mayo de 2016, un día antes de la Cumbre Humanitaria Mundial y literalmente desde el primer día de su creación abogó por una mayor cuota de financiación directa para las ONG nacionales y locales.
Otras iniciativas locales e internacionales por la localización humanitaria
NEAR no fue la única red del Sur creada en este periodo. En 2018 también surgió A4EP (Alliance For Empowering Partnerships), con el propósito de aumentar la representación de actores locales y nacionales en espacios de discusión y toma de decisiones sobre política internacional humanitaria (A4EP, n.d.).
Muchas ONG internacionales también mostraron su compromiso de dar más voz y poder a ONG nacionales y locales. Por ejemplo, Oxfam US puso los 50.000 dólares que Adeso necesitó para lanzar NEAR (Ali, 2026). Igualmente, múltiples ONG internacionales se plantearon y asumieron compromisos para cambiar y hacer más justa su manera de trabajar con actores nacionales. Estos se sumaban a los del Grand Bargain, pero incluían además la apuesta por una mayor transparencia en torno a la financiación de ONG locales, por reducir la fuga de talento de ONG locales hacia ONG internacionales, o por facilitar su rol de coliderazgo en los proyectos ejecutados conjuntamente (Charter4Change, 2015). También se desarrollaron iniciativas que buscaban identificar elementos clave para una colaboración más justa entre organizaciones (Christian Aid et al., 2019).
La pandemia de COVID-19 y las limitaciones que impuso en los movimientos de las organizaciones internacionales, así como el crecimiento de los Country-Based Pooled Funds en diferentes países también contribuyeron a que las ONG nacionales y locales accediesen a más financiación humanitaria, aunque el desequilibrio de poder se mantuvo, sin apenas cambios a escala global.
Del auge a la crisis del sistema humanitario de 2025
El sistema humanitario continuó creciendo, mientras arrastraba profundas debilidades internas
El sistema humanitario creció en las primeras décadas del siglo XXI, continuó estructurándose en torno a las bases planteadas por las Naciones Unidas, innovó en su manera de funcionar y de responder a las crisis y emergencias, y se profesionalizó. Sin embargo, no fue capaz de corregir los problemas que él mismo había identificado, ni de cambiar a la velocidad suficiente para poder afrontar las necesidades humanitarias de un mundo que cambiaba más rápido (Obrecht et al., 2022).
La pandemia de COVID-19 fue un gran golpe para la salud y la economía globales. También sacudió al sector humanitario, impulsando importantes cambios en digitalización y una mayor delegación de funciones en actores locales y nacionales, sin que ello se tradujese para ellos en una mayor cuota de poder o financiación directa. Así, el sistema humanitario crecía, pero de forma asimétrica, consolidando la lógica de mercado de una «industria» sometida a la oferta y la demanda y a la competición entre proveedores de servicios (Collinson, 2016), y arrastrando profundos problemas no resueltos de coherencia interna y legitimidad.
La iniciativa Flagship: una nueva propuesta fracasada y lo que revela su fracaso
En 2023, y con el propósito de «renovar la acción humanitaria desde abajo», Martin Griffiths, el entonces Emergency Relief Coordinator, lanzó la Flagship Initiative en 4 países piloto (Colombia, Níger, Filipinas y Sudán del Sur). Se trataba de una propuesta de tres años para aprender cómo rediseñar una acción humanitaria construida en torno a las prioridades identificadas por las comunidades afectadas por crisis. Posteriormente se formaría una coalición de actores humanitarios para programar y planificar sus acciones con base en esas prioridades desde el nivel local, cubriendo tanto la respuesta de emergencia como el fortalecimiento de la resiliencia, y con procesos menos burocráticos (OCHA, n.d.).
La iniciativa produjo numerosas herramientas, lecciones aprendidas y recomendaciones, aunque no consiguió demostrar cómo construir y hacer funcionar un nuevo sistema de movilización de recursos. En algunos casos incluso produjo desilusión y enfado en las comunidades, cuando los proyectos finalmente propuestos no eran fieles a lo priorizado en los espacios de participación. Incluso en los casos en que la iniciativa funcionó, no consiguió generar las condiciones necesarias para hacerla crecer y mantenerse (Sida et al., 2026).
En cualquier caso, lo que revela el fracaso de la Flagship Initiative no son errores prácticos y operativos, sino las limitaciones del sistema para corregir sus fallos. Su evaluación final, publicada en marzo de 2026, fue muy crítica con un sistema humanitario que, a lo largo de 20 años, había fracasado en todos y cada uno de sus intentos de reformarse y mejorar (Sida et al., 2026). Las razones eran muchas y abrían incómodas preguntas: ¿es posible cambiar algo que gran parte de quienes toman las decisiones en el sistema humanitario ya dan por bueno o válido? ¿Es la acción humanitaria compatible con consultas abiertas y «revoluciones» en participación comunitaria? ¿Realmente necesitamos nuevas reformas y análisis de los problemas, cuando no hemos conseguido aprender de lo que ya hemos hecho y estudiado? ¿Es OCHA realmente la organización que puede liderar el cambio que el sistema humanitario necesita? ¿Existe realmente un sistema humanitario como tal, cuando la experiencia y el aprendizaje de unas organizaciones son vistos como poco legítimos por otras?
Todos estos problemas resultaron en una importante crisis en el sistema humanitario cuando a partir de 2024 y, sobre todo, a partir de 2025, se contrajo la financiación disponible para la cooperación internacional, la salud global y la acción humanitaria.
La crisis de financiación humanitaria de 2025 puso al sistema humanitario contra las cuerdas
Al inicio de 2025, la nueva administración de Estados Unidos pausó temporalmente todos los proyectos financiados por USAID, responsable de aproximadamente el 40% de la financiación humanitaria pública global. Días más tarde, continuaron las órdenes para finalizar definitivamente la mayoría de los proyectos financiados por esta agencia, así como para suspender de manera temporal o definitiva los contratos de la mayoría de su personal.
El desmantelamiento de USAID hizo que los planes para simplificar y hacer más eficiente el sistema humanitario se acelerasen forzosamente. Las peores previsiones se habían hecho realidad, provocando que, al inicio del segundo trimestre de 2025, el sistema humanitario se encontrase en la mayor crisis de financiación de su historia.
Prácticamente todas las organizaciones humanitarias trataron de adaptarse a la nueva situación mientras replanteaban la manera de poder seguir garantizando la asistencia humanitaria en los contextos más vulnerables. Las Naciones Unidas y OCHA respondieron con una agresiva hiperpriorización del Panorama Global de Necesidades Humanitarias de 2026 y una propuesta de reseteo del sistema humanitario, buscando una simplificación de los modelos de coordinación, mayor poder para actores locales y nacionales, mayor eficiencia y la defensa del espacio humanitario en el que las organizaciones humanitarias puedan operar con seguridad respetando los principios humanitarios (Fletcher, 2025).
La iniciativa del Humanitarian Reset, sin embargo, también es criticada por replicar los errores conocidos de las anteriores reformas, sin que cambien las normas del juego, centralizando su liderazgo en quienes han liderado y sesgado el sistema durante años (Rey Marcos, 2023), y sin otorgar más voz a las comunidades y actores locales con los que el sistema humanitario mantiene una deuda ya histórica (Gérard, 2026). Más y más voces insisten en que lo que necesita el sistema humanitario no es otro intento de reforma liderado desde arriba, sino una transformación profunda en sus dinámicas de poder (Spiegel et al., 2026).
Referencias
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- El origen de la acción humanitaria: de la antigüedad al siglo XIX
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- El 11-S, la guerra contra el terror y la acción humanitaria
- Darfur, el tsunami del océano Índico y la reforma humanitaria de 2005
- Haití, Pakistán y la Agenda Transformadora de 2011
- Del Grand Bargain (2016) a la crisis del sistema humanitario (2025)
Gemini Notebook
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Cómo citar esta página
Abarca, B. (27 de agosto de 2026). Del Grand Bargain (2016) a la crisis del sistema humanitario (2025). Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/accion-humanitaria-y-cooperacion-al-desarrollo/grand-bargain-2016-crisis-sistema-humanitario-2025/
