Enfermedades tropicales desatendidas: tipos, metas y estrategias de prevención

Una mujer, por la mañana temprano, en una zona rural de Nepal
Texto y foto: Bruno Abarca

Las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) son un grupo de 21 patologías que afectan a más de mil millones de personas en las regiones más pobres de África, Asia y América Latina. También llamadas enfermedades olvidadas y enfermedades de la pobreza, son a la vez causa y consecuencia de ella, y han quedado históricamente relegadas de la agenda de salud global a pesar del sufrimiento y la discapacidad que provocan. Hoy, muchos de los avances logrados contra estas enfermedades infecciosas se ven amenazados por las consecuencias de los conflictos y las crisis humanitarias en los países endémicos.

¿Qué son las enfermedades tropicales desatendidas? ¿Cuáles son?

Las enfermedades tropicales desatendidas han sido causa y consecuencia de la pobreza durante años

Las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) son un grupo de infecciones de alta prevalencia en zonas tropicales, donde desde hace siglos afectan a las personas más pobres del planeta (Hotez et al., 2007).

Se estima que, en 2021, estas enfermedades afectaron a unos 1.170 millones de personas, con una prevalencia global del 14,8%, considerando un escenario de baja coinfección. Aunque se trata de una cifra en continua disminución desde 1990, este grupo de patologías aún es responsable de unas 119.000 muertes cada año y hace que, cada año, unos 1.495 millones de personas requieran intervenciones preventivas (WHO, 2025d).

Estas enfermedades están fuertemente asociadas con los ciclos intergeneracionales de la pobreza, siendo al mismo tiempo causa y consecuencia de ella. Por una parte, ocurren principalmente en áreas rurales y zonas urbanas pobres de países de rentas bajas en África subsahariana, Asia y Latinoamérica. Por otra parte, producen pobreza al generar discapacidad y secuelas de larga duración, causar retraso del crecimiento infantil, tener efectos negativos en el embarazo y reducir la capacidad productiva de las personas afectadas y sus comunidades, contribuyendo así al declive socioeconómico de sus países (Hotez et al., 2007). 

Estas enfermedades son responsables de una gran carga de enfermedad en el mundo

Se llama «desatendidas» a este grupo de patologías por haber sido generalmente olvidadas en la agenda de salud global. Quedaron relegadas a un segundo plano en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Smith & Taylor, 2013) y tradicionalmente han existido escasos incentivos comerciales para el desarrollo de nuevos productos médicos dirigidos a su prevención y tratamiento (Molyneux et al., 2005).

Aunque a partir de 2003, el movimiento para destacar la importancia de las enfermedades tropicales desatendidas ganó visibilidad, atrayendo inversiones e importantes donaciones de compañías farmacéuticas y logrando amplio respaldo institucional (Molyneux et al., 2021), la pandemia de COVID-19 de 2020 dio lugar a una reemergencia de muchas de estas infecciones. Años más tarde, siguen siendo altamente prevalentes en países endémicos, lo que refleja las brechas en el acceso a servicios de salud de calidad y las disparidades en el progreso hacia la cobertura sanitaria universal (WHO, 2021b).

Top 25 countries with highest NTD DALY rates (per 100 000 population), 2021
25 países con mayor carga de ETD por cada 100.000 habitantes, en 2021. (WHO, 2025d)
25 países con más años de vida ajustados por discapacidad por ETD, 2021. (WHO, 2025d)

La OMS hoy reconoce 21 enfermedades y grupos de enfermedades tropicales desatendidas

Desde 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su Departamento de Control de Enfermedades Tropicales Desatendidas incluyen en este grupo de patologías 21 infecciones causadas por una amplia variedad de virus, bacterias, parásitos, hongos y toxinas (WHO, 2025f). 

La lista se actualiza periódicamente por el Grupo de Asesoría Estratégica y Técnica sobre Enfermedades Tropicales Desatendidas (STAG-NTD o Strategic and Technical Advisory Group for NTDs) de la OMS. Este grupo evalúa las solicitudes de los estados miembros. Desde 2016, emplean cuatro criterios para determinar qué se puede considerar como una enfermedad tropical olvidada (WHO, 2016):

  • Son enfermedades que afectan de manera desproporcionada a las poblaciones que viven en la pobreza. Justifican una respuesta global debido al estigma, la discriminación, la morbilidad y la mortalidad que causan.
  • Afectan principalmente a poblaciones que viven en áreas tropicales y subtropicales.
  • Se pueden someter a estrategias de salud pública para su control, eliminación o erradicación.
  • Están relativamente olvidadas por la investigación, con unos recursos asignados al desarrollo de nuevos diagnósticos y tratamientos que no resultan proporcionales a la magnitud del problema.

Desde el establecimiento de estos criterios, la lista ha pasado de 17 a 21 enfermedades tropicales desatendidas. La última patología en formar parte de este grupo, el noma o estomatitis gangrenosa, fue añadida en 2023 (WHO, 2023i).

DALYs by disease globally, 2021
Años de vida ajustasdos por discapacidad totales, por ETD, globales, 2021. (WHO, 2025d)

¿Cuáles son las 21 enfermedades tropicales desatendidas?

Desde 2023, la OMS incluye en su lista de enfermedades tropicales desatendidas las siguientes 21 afecciones o grupos de afecciones:

  1. Úlcera de Buruli. Cuando la bacteria Mycobacterium ulcerans pasa del medio ambiente al ser humano, por un mecanismo que aún no se conoce bien, secreta una toxina que daña la piel y a veces al hueso, causando desfiguraciones permanentes y discapacidad de larga duración. Afecta a 33 países, aunque el número de casos reportados anualmente ha ido disminuyendo hasta 1370 en 2021. Su diagnóstico clínico requiere capacitación y diagnósticos diferenciales con otras úlceras, y su diagnóstico de laboratorio con PCR hoy tarda demasiado en llegar como para orientar adecuadamente el tratamiento, que requiere una combinación de antibióticos durante varias semanas  (WHO, 2023a).
  2. Enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana. Esta patología está causada por un parásito protozoario, Trypanosoma cruzi, y muy estrechamente vinculada a muchas especies de un insecto vector que suelen habitar en grietas de paredes y tejados de viviendas, corrales o almacenes, aunque hay más vías de transmisión. Tras una fase inicial que a menudo es asintomática, los parásitos permanecen ocultos durante años en los músculos del corazón y del aparato digestivo, hasta que producen manifestaciones ahí o en el sistema nervioso. Se concentra en 21 países de América Latina y causa unas 10.000 muertes cada año. Existen medicamentos que eliminan el parásito y curan la enfermedad si se administran al inicio de la fase aguda, pero su uso en la fase crónica solo ralentiza la progresión de la patología, puede requerir hasta dos meses de tratamiento y tiene reacciones adversas muy frecuentes  (WHO, 2026a). 
  3. Dengue y chikungunya. Estas dos enfermedades causadas por virus se transmiten al ser humano a través de mosquitos Aedes infectados y tienen síntomas similares, como fiebre y fuertes dolores articulares, lo que dificulta su diagnóstico y el conocimiento preciso del número de casos. La incidencia de dengue ha resurgido con fuerza en las últimas décadas, pasando de 500.000 casos notificados en 2000 a 14,6 millones en 2024 (WHO, 2025b), mientras que el virus chikungunya se ha detectado en más de 110 países (WHO, 2025a). Ninguna de las dos enfermedades tiene tratamiento específico, y los medicamentos empleados para su alivio sintomático pueden aumentar el riesgo de hemorragia.
  4. Dracunculosis o dracunculiasis. Es una enfermedad causada por un parásito, la lombriz de Guinea, a través de pequeños crustáceos ingeridos por personas al beber agua estancada contaminada. Aproximadamente un año después de la infección, suele producirse una ampolla muy dolorosa en la pierna. A pesar de no existir vacuna para prevenir la enfermedad ni medicamentos para tratarla, en la actualidad apenas se notifican unos 13 o 14 casos anualmente (WHO, 2025c).
  5. Equinococosis. Esta enfermedad, causada por tenias parásitas del género Echinococcus, es una zoonosis. El animal huésped se infecta al ingerir carne de animales que habían ingerido huevos del parásito. Los humanos se infectan ingiriendo los huevos eliminados en las heces de esos animales, a través de alimentos, agua y suelo contaminados. Pueden permanecer asintomáticas durante un periodo de incubación de varios años, hasta que el quiste o tumor crezca y cause manifestaciones clínicas que pueden ser mortales. La enfermedad se distribuye por todo el mundo, siendo su prevalencia más alta en zonas rurales, donde se suelen sacrificar animales más viejos. Su diagnóstico requiere pruebas de imagen y en muchos casos solo se produce en etapas ya avanzadas. Además, su tratamiento es caro y complicado, al requerir drenajes de quistes, intervenciones quirúrgicas o terapia antiinfecciosa prolongada, según las circunstancias. (WHO, 2021a).
  6. Trematodiasis de transmisión alimentaria. Este grupo de enfermedades zoonóticas, cuyos huéspedes son caracoles de agua dulce, peces y crustáceos, llega a los humanos a través del consumo de estos animales y de vegetales acuáticos contaminados. Aunque sus primeras etapas suelen ser asintomáticas, producen morbilidad grave cuando hay alta carga parasitaria, al alcanzar ciertos órganos y en fases crónicas. Se ha notificado en más de 70 países de todo el mundo, pero desconocemos la realidad de su prevalencia y carga de enfermedad (WHO, 2021c).
  7. Enfermedad del sueño o tripanosomiasis humana africana. Esta enfermedad endémica en África subsahariana está causada por parásitos protozoarios que se transmiten principalmente por la picadura de algunas especies de moscas tsetsé. Según la subespecie del parásito, puede causar un cuadro agudo o crónico, pudiendo atacar en ambos casos al sistema nervioso central. En el pasado ha habido grandes epidemias de esta enfermedad, sobre todo en poblaciones de zonas rurales de difícil acceso y con limitados servicios de salud. Su diagnóstico puede requerir análisis serológicos y del líquido cefalorraquídeo que no siempre están disponibles en estos contextos. Cuanto más se tarda en diagnosticar la enfermedad, menores son las probabilidades de éxito del tratamiento, y sin tratamiento suele ser mortal (WHO, 2023h).
  8. Leishmaniasis. Esta enfermedad, causada por múltiples especies del parásito protozoario Leishmania y transmitida por la picadura de flebótomos infectados, se manifiesta de tres formas: visceral, cutánea y mucocutánea. La cutánea es la más frecuente, produciendo cada año entre 600.000 y 1 millón de nuevos casos, con lesiones cutáneas generalmente ulcerosas que dejan cicatrices de por vida, causando discapacidad grave y una gran estigmatización. La visceral es la más grave, al ser mortal en el 95% de los casos, y se producen entre 50.000 y 90.000 cada año (WHO, 2023c).
  9. Lepra o mal de Hansen. Se trata de una enfermedad infecciosa crónica causada principalmente por la bacteria Mycobacterium leprae, que afecta sobre todo a la piel y a los nervios periféricos. Por ello, produce deformaciones físicas y discapacidad progresiva y permanente, lo que ocasiona gran estigmatización y discriminación. Esta enfermedad se puede tratar con una combinación de tres antibióticos durante varios meses, que resulta curativa al matar al patógeno. Hoy se siguen notificando unos 200.000 casos nuevos de lepra cada año (WHO, 2026c). 
  10. Filariasis linfática o elefantiasis. Esta enfermedad está causada por una infección de nematodos denominados filarias, que se transmiten a través de la picadura de mosquitos Culex, Anopheles y Aedes. Provoca daños en el sistema linfático que, con el tiempo, producen manifestaciones dolorosas, muy desfigurantes y altamente discapacitantes que a su vez causan estigmatización, aislamiento, discriminación, alteraciones de la salud mental y pobreza. Hoy se estima que unos 36 millones de personas viven con estas manifestaciones crónicas de la filariasis linfática (WHO, 2024a).
  11. Micetoma, cromoblastosis y otras micosis profundas. Este grupo de enfermedades causadas por varios hongos y bacterias destruye la piel, los tejidos profundos y los huesos. Aunque su incidencia y carga de enfermedad global no son bien conocidas, producen deformidades y un progresivo e indoloro deterioro de la capacidad funcional de las partes del cuerpo afectadas. Su tratamiento no resulta sencillo. En el caso del micetoma, requiere múltiples medicamentos caros, rara vez disponibles, y generalmente poco eficaces, por lo que son frecuentes las amputaciones (WHO, 2022a). Para las cromomicosis existen varias opciones terapéuticas, que si se inician de manera precoz, pueden ofrecer buenos resultados tras varios meses o incluso un año (WHO, 2023b). La esporotricosis, causada por hongos en vegetales, gatos y otros mamíferos, dispone de tratamientos más fáciles y eficaces, pero en algunos casos también puede extenderse varios meses (WHO, 2023g).
  12. Noma. Es una enfermedad que, a día de hoy, sigue sin ser suficientemente conocida. Es causada por múltiples microorganismos y está vinculada a factores de riesgo como la malnutrición, la inmunodeficiencia, la mala salud bucodental y la pobreza extrema. Afecta sobre todo a niños y niñas entre 2 y 6 años y se manifiesta en sus primeras etapas como una inflamación agresiva y necrosante de las encías. Si se diagnostica y trata en esta etapa, las lesiones pueden cicatrizar. Pero si alcanza la fase gangrenosa, puede producir una visible perforación de la cara y desfiguración, lo que a su vez causa dificultades para respirar, deglutir y hablar, además de aislamiento, estigmatización y discriminación (WHO, 2023d).
  13. Oncocercosis o ceguera de los ríos. Esta patología, que hoy afecta sobre todo a poblaciones rurales en África y Yemen, se transmite a través de la picadura de moscas negras que han ingerido previamente microfilarias. Una vez en el humano, forman nódulos bajo la piel y, al morir, desencadenan una intensa respuesta inflamatoria con fuerte prurito. También producen alteraciones oculares que pueden llegar a la ceguera permanente. El tratamiento puede prolongarse durante años y provocar, en ocasiones, graves efectos adversos(WHO, 2025e).
  14. Rabia. Esta enfermedad está causada por un virus que, en el 99% de los casos en humanos, se transmite por las mordeduras y arañazos de perro. Está presente en todo el mundo y cada año acaba con las vidas de decenas de miles de personas. Pasados los primeros signos de la infección, y si no se administra profilaxis posexposición que lo impida, el virus se desplaza al sistema nervioso central, donde produce una inflamación progresiva que da lugar a distintas formas clínicas y que acaba produciendo la muerte. (WHO, 2026d).
  15. Sarna o escabiosis y otras ectoparasitosis. Esta condición es una infestación parasitaria causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, que al entrar en la piel pone huevos, provocando picor, sarpullidos, úlceras, y hasta complicaciones graves en otros órganos. Algunas de sus formas son muy contagiosas. Es una de las enfermedades dermatológicas más comunes, principalmente entre las personas con menos recursos y en las regiones cálidas muy pobladas, donde la prevalencia en niños y niñas varía entre el 5% y el 10%. Su diagnóstico suele ser clínico y a menudo se puede tratar con cremas tópicas (WHO, 2023e).
  16. Esquistosomiasis. Es una enfermedad parasitaria causada por trematodos, cuando sus formas larvarias penetran en la piel durante el contacto con aguas contaminadas. Una vez en el organismo, se transforman en esquistosomas adultos que ponen huevos, algunos de los cuales desencadenan una reacción inmunitaria en los tejidos corporales donde se encuentran. Según su ubicación, producen unas u otras manifestaciones clínicas, consecuencias crónicas, discapacidad e incluso la muerte (WHO, 2026e).
  17. Helmintiasis transmitidas por el suelo. Estas enfermedades son unas de las parasitosis más comunes del mundo y se estima que el 24% de la población mundial está infestada. Las heces contaminadas de las personas infestadas contaminan el suelo allí donde el saneamiento es deficiente, y desde ahí infestan a más personas. Están causadas por varias especies de geohelmintos, como Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Necator americanus, Ancylostoma duodenale, y Strongyloides stercoralis. Afectan el estado nutricional de las personas afectadas, al alimentarse de su sangre y tejidos, al ocasionar pérdidas crónicas de sangre intestinal, al provocar malabsorción y al reducir el apetito. Más allá de sus manifestaciones agudas, también ocasionan anemia y retraso y disminución del crecimiento y el desarrollo físico (WHO, 2023f).  
  18. Envenenamiento por mordedura de serpiente. Es la única enfermedad tropical desatendida que no es infecciosa. Por el contrario, está causada por múltiples toxinas presentes en la saliva venenosa de distintos tipos de serpientes, que se transmiten con su mordedura. Cada año 5,4 millones de personas sufren este tipo de mordeduras, entre 1,8 y 2,7 millones resultan envenenadas, y entre 80.000 y 140.000 fallecen. Es una prioridad olvidada de salud pública sobre la que existen pocos datos, lo que ha reducido la demanda de antídotos y con ello su oferta, resultando hoy caros e inaccesibles en muchos países de África y Asia (WHO, 2026f).
  19. Teniasis y cisticercosis. Se trata de infestaciones por tenias intestinales o sus larvas, denominadas cisticercos. Se contagian por el consumo de carne de vacuno o cerdo cruda o poco cocinada y agua contaminada. Los cisticercos pueden desarrollarse en músculos, la piel, los ojos y el sistema nervioso central, donde además de causar síntomas como ceguera, cefaleas, convulsiones y epilepsia, pueden resultar mortales (WHO, 2022b).
  20. Tracoma. Esta enfermedad, causada por la bacteria Chlamydia trachomatis, es la principal causa infecciosa de ceguera en el mundo, afectando a 1,9 millones de personas, sobre todo en África. Se transmite principalmente de forma intrafamiliar por secreciones oculares y nasales de niños y niñas en edad preescolar, entre los que llega a haber una prevalencia de hasta el 90% en zonas endémicas. Por ello afecta sobre todo a las mujeres, por tener ellas habitualmente un contacto más estrecho como cuidadoras. Con la repetición de la infección a lo largo de varios años, las cicatrices que se forman en el interior del párpado hacen que este se pliegue hacia dentro, provocando que las pestañas rocen el globo ocular, dañando la córnea. Si no se trata, las cicatrices en su superficie pueden causar discapacidad visual, generalmente entre los 30 y 40 años (WHO, 2026g).
  21. Pian. Se trata de un grupo de infecciones bacterianas causadas por una subespecie de Treponema, que afecta sobre todo a niños y niñas, principalmente entre 6 y 10 años. La mayoría de los casos notificados ocurren en países del Pacífico Occidental. Se manifiesta en la piel, los huesos y los cartílagos, y se transmite de persona a persona por el contacto con las lesiones. Se puede curar con antibióticos bien conocidos, pero en ausencia de tratamiento causa desfiguración y discapacidad permanente y debilitante (WHO, 2023j).

Esta lista no es fija y con los años se han ido retirando e incluyendo enfermedades. Igualmente, la lista de la OMS no es exhaustiva. Las enfermedades incluidas en ella están restringidas porque para cada una se comprometen recursos y rendición de cuentas. Otras instituciones consideran como enfermedades tropicales olvidadas algunas que no están en la lista de la OMS (PLOS NTDs, n.d.). Son enfermedades de la pobreza sobre las que se investiga, pero no están necesariamente vinculadas a programas de salud pública y objetivos globales de control. 

¿Cuáles son las cinco estrategias para la prevención de las enfermedades tropicales desatendidas?

El grupo de enfermedades tropicales desatendidas no se define por mecanismos biológicos, sino por la población a la que golpean y el abandono que sufren. Su denominador común son sus factores de riesgo: vivienda subestándar, falta de acceso a agua segura y saneamiento, y entornos de vida contaminados, con abundantes insectos y vectores, todos ellos relacionados con la pobreza.

Por este mismo motivo, se han identificado cinco estrategias de salud pública para su prevención y control (WHO, 2010): 

  • Quimioterapia preventiva. Esta estrategia consiste en la distribución a gran escala de medicamentos a poblaciones enteras con riesgo de infección o enfermedad. Resulta fundamental para el control de muchas enfermedades tropicales desatendidas, como la filariasis linfática, la oncocercosis, la esquistosomiasis, las helmintiasis transmitidas por el suelo y el tracoma. En 2024, 1.400 millones de personas requirieron quimioterapia preventiva para al menos una enfermedad tropical desatendida, de las cuales se alcanzaron 880,7 millones en 65 países (WHO, 2026b). Los medicamentos empleados son generalmente tan seguros y coste-efectivos que en áreas de alta endemicidad no se justifica el diagnóstico individual previo, lo cual resulta mucho menos factible. Además, muchos de estos productos han sido objeto de amplias donaciones y aportes económicos de empresas y fundaciones filantrópicas (Uniting to Combat NTDs, 2022).
  • Manejo intensificado de casos. Esto requiere facilitar el diagnóstico tan pronto como sea posible, proporcionar tratamiento y manejar las complicaciones. Esta estrategia es especialmente importante para las enfermedades tropicales desatendidas para las que no existe quimioterapia preventiva, como la úlcera de Buruli, la enfermedad de Chagas, la enfermedad del sueño, algunas formas de leishmaniasis, la lepra y el pian.
  • Control de vectores. La mayoría de las enfermedades tropicales desatendidas son transmitidas por vectores como insectos, caracoles y pequeños crustáceos. Se puede realizar empleando mosquiteros y la pulverización de interiores con pesticidas de acción residual, entre otras técnicas. Esta estrategia, sin embargo, está limitada por la escasez de productos eficaces disponibles, por la falta de personal especializado en entomología en países endémicos, y por los riesgos para la salud humana y ambiental del uso de pesticidas.
  • Salud pública veterinaria. Múltiples enfermedades tropicales desatendidas son zoonosis, o patologías transmitidas de animales vertebrados a los humanos, como la rabia, la dracunculiasis, la equinococosis, la teniasis y cisticercosis, las trematodiasis de transmisión alimentaria, la esquistosomiasis, o la leishmaniasis. Precisamente por esto es especialmente relevante el enfoque de One Health, que entiende y aborda la ecología de la transmisión de estas enfermedades en humanos y animales y sus interacciones (Webster et al., 2016).
  • Agua, saneamiento e higiene. Esta estrategia resulta fundamental para casi todas las enfermedades tropicales desatendidas, ya que muchos de los patógenos que las causan habitan en agua contaminada con heces y orina, o se transmiten a través de vectores que se reproducen en ella. El acceso al agua limpia también es esencial para la atención sanitaria de calidad o para la atención rutinaria a las lesiones y heridas producidas por estas patologías.

La aplicación local integrada de estas estrategias, siempre teniendo en cuenta cuáles son más relevantes para una enfermedad específica, es lo que permite avanzar hacia las metas para acabar con las enfermedades tropicales desatendidas.

Metas para la prevención de las enfermedades tropicales desatendidas: erradicación, eliminación y control

La hoja de ruta 2021-2030 para acabar con las enfermedades tropicales desatendidas propone una serie de metas que se pueden alcanzar con las cinco estrategias de salud pública previamente mencionadas. Entre ellas se incluyen objetivos específicos para cada enfermedad, en función de las posibilidades reales para erradicarlas, eliminarlas o controlarlas.

Tan solo dos enfermedades tropicales desatendidas son objetivo de erradicación: la dracunculiasis y el pian

La erradicación es la reducción permanente a cero de la incidencia mundial de la infección causada por un patógeno específico, como resultado de esfuerzos deliberados, sin riesgo de reintroducción (WHO, 2021b).

En ocasiones se habla con relativa ligereza del término erradicación. Sin embargo, aparte de la peste bovina, que afecta a animales, tan solo hemos conseguido erradicar otra enfermedad infecciosa: la viruela. Es más, esfuerzos pasados por erradicar enfermedades como la fiebre amarilla o la malaria se abandonaron o fracasaron. Y es que erradicar una enfermedad es un enorme reto, que no solo depende de la existencia de intervenciones efectivas para prevenirla o tratarla. También depende del número de patógenos que la causan y del número de huéspedes donde viven y se reproducen, de la facilidad para reconocer síntomas que permitan un diagnóstico fácil y temprano, de la existencia de experiencias reales previas exitosas para eliminar la enfermedad en un contexto geográfico específico y, por supuesto, del apoyo financiero y político para lograrlo, que a su vez depende de aspectos como el coste-beneficio estimado de la erradicación (Aylward et al., 2000).

De las 21 afecciones incluidas en el grupo de enfermedades tropicales desatendidas, tan solo se pretende erradicar dos para 2030: la dracunculiasis y el pian (WHO, 2025d). En cuanto a la dracunculiasis, se pasó de 3,5 millones de casos en 1986 a tan solo 13 en 2024, en cinco países africanos, todos afectados por crisis humanitarias. Sin embargo, persiste en infecciones en animales, y su riesgo aún está agravado por la falta de acceso a agua segura y servicios de salud, especialmente en emergencias y desplazamientos poblacionales. Respecto al pian, las cifras son mayores: tan solo en 2023 se reportaron a la OMS 222.384 casos sospechosos, con 1.496 de ellos confirmados por pruebas serológicas de laboratorio. Es más, ese número de casos sospechosos duplicó el de 2020, lo que parece indicar un resurgimiento de la enfermedad.

Eliminar una enfermedad tropical desatendida requiere interrumpir su transmisión

La eliminación de una infección causada por un patógeno específico es la reducción a cero de su incidencia en una zona geográfica definida, con mínimo riesgo de reintroducción, como resultado de esfuerzos deliberados. La eliminación no es lo mismo que la erradicación (WHO, 2021b).

Existen tres enfermedades tropicales desatendidas que se pretende poder eliminar en varios países endémicos para 2030: la tripanosomiasis humana africana gambiense (en 15 países), la lepra (en 120 países), y la oncocercosis (en 12 países) (WHO, 2025d). A pesar de ello, según datos de 2024, mientras que los casos de tripanosomiasis humana africana gambiense se han reducido de casi 10.000 en 2009 a menos de 1000 en 2019, se siguen reportando casos nuevos de lepra en 119 países, y la oncocercosis solo se ha conseguido eliminar en Colombia (2013), Ecuador (2014), México (2015), Guatemala (2016) y Níger (2025) (WHO, 2025g).

Se busca eliminar muchas enfermedades tropicales desatendidas como problema de salud pública

La eliminación como problema de salud pública se refiere tanto a la infección como a la enfermedad, y requiere el logro de metas medibles establecidas por la OMS, lo que permite su validación. Una vez lograda, hacen falta más acciones para mantener los logros alcanzados o para perseguir la eliminación (WHO, 2021b).

Los objetivos para la eliminación de las enfermedades tropicales desatendidas como problema de salud pública incluyen 8 afecciones: la enfermedad de Chagas, la tripanosomiasis humana de África Oriental, la leishmaniasis visceral, la filariasis linfática, la rabia, la esquistosomiasis, las helmintiasis transmitidas por el suelo, y el tracoma. 

Con muchas enfermedades tropicales desatendidas, tan solo aspiramos a lograr controlarlas

El control de una enfermedad consiste en la reducción de su incidencia, prevalencia, morbilidad y/o mortalidad a niveles localmente aceptables como resultado de esfuerzos deliberados. Puede estar o no estar relacionado con metas globales establecidas por la OMS (WHO, 2021b). 

Lejos de las metas de erradicación o eliminación, existen algunas enfermedades tropicales desatendidas para las que el objetivo de prevención se centra solo en su control: la úlcera de Buruli, el dengue, la chikungunya, la equinococosis, las trematodiasis de transmisión alimentaria, la leishmaniasis cutánea, el mycetoma, la cromoblastomicosis y otras micosis profundas, el noma, la sarna, el envenenamiento por mordedura de serpiente, y la teniasis y cisticercosis.

Los motivos para ello son diversos y, en parte, específicos de cada patología. Uno de los principales es la existencia de grandes reservorios animales en enfermedades zoonóticas como la equinococosis, las trematodiasis de transmisión alimentaria, la teniasis y cisticercosis, o la leishmaniasis cutánea. Para otras afecciones, existen otros retos: resulta imposible pensar en eliminar todas las serpientes venenosas salvajes, acabar con los múltiples determinantes del noma, o con los mosquitos que sirven de vector para el dengue y la chikungunya, por ejemplo. Un problema adicional, transversal a muchas de estas enfermedades, es la falta de herramientas terapéuticas accesibles y vacunas. 

Los conflictos y las crisis humanitarias amenazan los esfuerzos contra las enfermedades tropicales desatendidas

Entre los obstáculos para acabar con las enfermedades tropicales desatendidas se encuentran la inestabilidad política y los conflictos. Estos factores, habituales en las crisis humanitarias complejas, reducen la financiación disponible para los esfuerzos de control, eliminación y erradicación, interrumpen servicios y programas de salud pública (WHO, 2025d), destruyen infraestructura y medios de comunicación y transporte, dificultan la recogida de datos y la vigilancia epidemiológica (Bestwick et al., 2026), producen desnutrición y debilitan el sistema inmune de las personas, aumentan el riesgo de seguridad para el personal de salud, y reducen el acceso humanitario y el de las personas a los servicios de salud que necesitan. 

Además, los movimientos poblacionales forzosos, consecuencia de estas crisis humanitarias, aumentan también el riesgo de introducción y reintroducción de enfermedades cuando las personas se ven obligadas a vivir en refugios precarios con saneamiento, higiene y acceso al agua inadecuados (WHO, 2021b).

Esto hace necesario que en las estrategias y programas para el control, eliminación y erradicación de enfermedades tropicales desatendidas se tenga en cuenta el contexto de cada país, los desafíos específicos que existan, y la manera en que las dinámicas de las emergencias humanitarias pueden afectarles. Esto permitirá una correcta adaptación de las hojas de ruta, priorizando aspectos como la resiliencia de los sistemas de salud, la colaboración intersectorial o la implicación de las comunidades en estos esfuerzos (Harding-Esch et al., 2026).

Referencias

Gemini Notebook

Puedes revisar mis referencias bibliográficas sobre enfermedades tropicales desatendidas con este Gemini Notebook, un asistente de investigación basado en inteligencia artificial. ¿Quieres saber más?

Cómo citar esta página

Abarca, B. (10 de octubre de 2026). Enfermedades tropicales desatendidas: tipos, metas y estrategias de prevención. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/enfermedades-tropicales-desatendidas/

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