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Prestación de servicios de salud: características, adaptación a crisis humanitarias y herramientas de evaluación

Prestación de servicios de salud
Texto y foto: Bruno Abarca

Un buen sistema de salud debe ser capaz de ofrecer a la población los servicios que necesita, de la manera y en el lugar que resulte más efectivo. Para ello debe emplear todos sus recursos, desde su financiación al personal y los medicamentos y suministros sanitarios. Todos esos insumos son necesarios para el primer output que produce el sistema: la prestación de servicios de salud de calidad.

Además, en las emergencias humanitarias es preciso entender de qué manera la crisis afecta al sistema de salud. La información, bien analizada, permitirá identificar áreas en las que los centros existentes requieren apoyo y adaptar la provisión de servicios de salud a la nueva situación. Esta adaptación a veces va de la mano de una priorización de servicios esenciales, e incluso de la identificación de nuevas modalidades de prestación de estos servicios. 

¿Cuáles son las características de una buena prestación de servicios de salud?

La prestación de servicios de salud se refiere al paquete de servicios que el sistema de salud ofrece, las modalidades para hacerlo y la infraestructura necesaria para ello. Es el resultado inmediato de introducir recursos en un sistema de salud funcional. 

Una buena provisión de servicios de salud viene determinada por una serie de características clave: 

Integralidad

En condiciones normales, y a pesar de las variaciones existentes entre sistemas de salud, lo habitual es que un sistema de salud ofrezca servicios de todo tipo. Esto incluye el diagnóstico y tratamiento de problemas de salud, servicios preventivos como la vacunación infantil de rutina o el seguimiento prenatal, servicios paliativos y de rehabilitación, y acciones de promoción de salud.

Accesibilidad

Los servicios, además, deben ser accesibles, sin barreras geográficas, económicas, culturales o relacionadas con el lenguaje. En este sentido, la atención primaria de salud tiene una gran importancia. Esta estrategia prioriza la provisión de servicios de salud en la comunidad, en centros cercanos a las familias y de la mano de la participación comunitaria y la movilización de agentes comunitarios/as de salud con un rol fundamental. De este modo, el acceso equitativo a centros de atención primaria puede constituir el corazón del sistema, junto con hospitales de segundo y tercer nivel. Esta red de centros bien distribuidos debe articularse con un buen sistema de referencia y contrarreferencia.

Cobertura

Para que las personas realmente puedan usar los servicios de salud, no basta con que estos estén disponibles y accesibles. Además, deben estar diseñados para cubrir las necesidades de toda la población objetivo, sin dejar a nadie fuera. En muchas ocasiones, sin embargo, falta inversión en los servicios dirigidos a las personas con menos recursos, o se deja fuera de los esquemas de protección social a la población extranjera, inmigrante o refugiada, por ejemplo.

Continuidad

La continuidad asistencial es también una importante característica, con múltiples dimensiones. Por una parte está la continuidad a lo largo del ciclo de la vida, evitando en lo posible la fragmentación y desconexión entre los servicios ofrecidos según grupos de edad o condiciones de salud. Por otra parte, está la continuidad entre niveles asistenciales, de modo que todos estén articulados en una red integrada e interconectada.

Calidad

La calidad de los servicios depende de muchos factores. Estos incluyen hasta qué punto son efectivos para aliviar un problema de salud, seguros para los y las pacientes, u ofrecidos a tiempo, sin largas esperas. En última instancia, la calidad se debe entender desde la perspectiva de las personas que usan (o deciden no usar) estos servicios.

Centrado en la persona

A menudo, la fragmentación en la organización de los servicios o la especialización de su personal lleva a centrar los servicios en enfermedades o en las prioridades mejor financiadas. Las consecuencias de esto pueden ser nefastas para las personas usuarias, que no solo pueden tener múltiples condiciones y problemas de salud, sino que también pueden tener que lidiar con servicios y profesionales que solo atienden problemas específicos, sin importarles cómo estos se interrelacionan entre sí o su impacto psicosocial en la calidad de vida.

Las personas usuarias de servicios de salud, además, tienen el derecho de participar en el diseño de la prestación de los servicios de salud, en su evaluación y en la toma de decisiones que les afectan. Solo así se pueden integrar realmente las prioridades de las personas y los determinantes sociales de su salud y enfermedad en lo biomédico.

Coordinación

Una buena provisión de servicios de salud requiere una adecuada coordinación entre todos sus centros, departamentos, servicios, autoridades y organizaciones. La coordinación permite que una misma persona pueda acceder a servicios de emergencia, preventivos o especializados que se ofrezcan en diferentes centros. Todos estos, además, deben estar bien conectados con servicios sociales y de otra índole, externos pero complementarios con la atención sanitaria.

Rendición de cuentas y eficiencia

Las autoridades sanitarias y las personas que gestionan los servicios de salud son las responsables de que todas estas características se den, y que esto se logre con un uso eficiente de los recursos disponibles. Por ello, deben rendir cuentas ante la ciudadanía del cumplimiento de los objetivos, del desempeño de los servicios y de los resultados alcanzados.

La prestación de servicios de salud en crisis humanitarias

Las emergencias humanitarias pueden interrumpir o deteriorar la provisión de servicios de salud

En emergencias y crisis humanitarias complejas, el sistema de salud y la provisión de servicios se pueden derrumbar. Cuando esto ocurre, el sistema de salud pierde la capacidad de asegurar los recursos necesarios para la prestación del paquete habitual de servicios. El personal sanitario se ve forzado a abandonar sus puestos, se daña la infraestructura y disminuye el mantenimiento del equipamiento, se dificulta el abastecimiento de medicamentos, se debilitan los sistemas de referencia y contrarreferencia, y se dificulta el acceso de la población (en ocasiones desplazada o atrapada en zonas de alta inseguridad) a los servicios.

Además, pueden aparecer nuevos riesgos y patrones de enfermedad como resultado del impacto de la crisis en las condiciones de vida o el acceso a agua y saneamiento, entre otros factores. En ocasiones, esto termina por ocasionar una sobrecarga de servicios de salud que no tienen la capacidad de afrontarla.

La provisión de servicios de salud, en la medida de la resiliencia del sistema, y en ocasiones contando con apoyo externo, se debe adaptar al nuevo contexto humanitario. La manera en la que consiga absorber el choque y adaptarse a la crisis determinará el acceso de la población afectada por la crisis a servicios de salud de calidad.

El paquete de servicios de salud se debe adaptar para cubrir lo esencial y prioritario

En muchos contextos humanitarios puede ser necesario que los diferentes actores se coordinen para adaptar y definir un nuevo paquete de servicios esenciales de salud. Así se podrán abordar los problemas de salud más importantes. Este paquete de intervenciones debe cubrir tanto servicios preventivos como servicios curativos, de rehabilitación y paliativos, en diferentes niveles de atención. Los servicios deben estar disponibles para todas las personas, con una buena calidad. Por ello, deben proporcionarse sin costes directos para las personas usuarias, en la medida de lo posible.

Tener un paquete de servicios adaptados a la crisis permite el desarrollo de una estrategia en torno a él, sustentada con compromisos políticos, que facilite el trabajo de planificación, movilización de recursos y gestión de estos servicios. Al mismo tiempo, puede servir de base para la provisión de servicios por parte de todos los actores que intervienen en la crisis, reduciendo la fragmentación, aumentando la equidad e incluso facilitando la implementación de herramientas comunes de sistema de información de salud y mecanismos comunes de reporte.

Desarrollar un paquete de servicios esenciales de salud, no obstante, no es tarea fácil. Para empezar, su selección debe basarse en recomendaciones internacionales adaptadas a la carga local de enfermedad y las prioridades específicas del contexto de intervención. Además, para que no se quede en una mera aspiración utópica, deben analizarse su viabilidad y costes potenciales, en escenarios en que los recursos son escasos y a menudo no están garantizados. Algunos pueden requerir medicamentos que no se encuentran en los kits inter-agencia habituales o una formación especializada del personal sanitario.

Nuevos actores y modalidades de provisión de servicios de salud se vuelven necesarios

Los actores humanitarios debe contribuir a garantizar que la población afectada tenga acceso a los servicios de salud que necesita. Se recomienda establecer la meta de un 80% de la población con acceso a servicios de atención primaria de salud a pie (no más de una hora caminando) y de un 80% de centros que ofrezcan los servicios prioritarios. Para ello, hay que garantizar y mantener una red suficiente de centros sanitarios de diferentes niveles, e identificar necesidades de apoyo externo a estos servicios.

Cuando esto es inviable o resulta insuficiente, surgen mecanismos alternativos temporales de provisión de servicios. El más habitual consiste en desplegar equipos médicos de emergencia o clínicas móviles. Estos equipos pueden depender de centros públicos ya existentes, que los despliegan para llegar a la población que no puede acceder a servicios estáticos de salud. En otros casos son operados por organizaciones humanitarias, que entran a cubrir de forma temporal una necesidad fundamental, pero con riesgo de fragmentación. Puede que tengan paquetes de servicios distintos al preexistente, diferentes regímenes de pago (generalmente sin coste directo para las personas usuarias), sistemas de información independientes (lo que puede dificultar la continuidad asistencial en poblaciones en movimiento) y en ocasiones amplias diferencias en calidad respecto a lo que había anteriormente.

Desde 2010 se han realizado esfuerzos por sistematizar y establecer estándares mínimos para Emergency Medical Teams, tanto nacionales como internacionales. Esto ha facilitado en cierta medida su despliegue y coordinación y, por tanto, la gobernanza del sistema de salud durante la crisis, a pesar de la multiplicidad de actores. Según se realicen, estas intervenciones humanitarias pueden minimizar su posible impacto negativo en el ya dañado sistema de salud e incluso contribuir a los primeros pasos de su futura recuperación temprana.

¿Cómo podemos evaluar los servicios de salud existentes?

Analizar la situación de los servicios de salud permite identificar las prioridades de intervención para apoyarlos o cubrir sus brechas

Del mismo modo que la acción humanitaria siempre parte de un análisis del contexto y necesidades, prácticamente todas las intervenciones de cooperación en salud, sobre todo aquellas centradas en el apoyo a la red de servicios sanitarios, parten de una evaluación de la situación de las unidades de salud. Esto permite conocer aspectos tan importantes como su nivel de funcionalidad o disponibilidad, así como los aspectos que necesitan apoyo de manera más prioritaria. Estos aspectos, en el momento en que comienza la implementación, también deben ser parte del trabajo de monitoreo y evaluación.

Hay muchísimas herramientas diferentes para este propósito. Algunas están dirigidas a poder realizar una revisión rápida en contextos de emergencia aguda o difícil acceso que permita extraer información básica, mientras que otras están dirigidas a una evaluación más completa y el cálculo de indicadores de monitoreo, a evaluar otros aspectos como las opiniones acerca de estos servicios de las personas usuarias, o a analizar aspectos específicos de algún problema de salud para orientar acciones más verticales. 

En las últimas dos décadas ha habido esfuerzos encaminados al desarrollo de numerosas herramientas para la evaluación de unidades de salud y su mapeo en un área geográfica en contextos humanitarios o para el fortalecimiento del sistema, más o menos estandarizadas para una acción coordinada.

Hay numerosos métodos y herramientas para la evaluación de servicios de salud

Cada organización humanitaria, prácticamente, ha desarrollado sus propias herramientas para el análisis de situación de servicios de salud. Es más, cada profesional del sector probablemente tiene una carpeta de su ordenador llena de montones de versiones y adaptaciones de pequeños cuestionarios para hacer evaluaciones más o menos rápidas. Todas suelen ser bastante similares, con pequeñas diferencias fruto de continuas modificaciones. Aún así, cada vez que es necesario analizar las necesidades de salud e identificar una posible intervención, hay un apetito -casi irrefrenable- por hacer una nueva readaptación.

Algunas herramientas de evaluaciones de necesidades son multisectoriales y diseñadas para un uso rápido en emergencias. Estas incluyen el  Multi-Sector Initial Rapid Assessment (MIRA) del IASC, el Needs Assessment for Refugee Emergencies (NARE) de ACNUR, o el más reciente Joint and Intersectoral Analysis Framework (JIAC 2.0) de OCHA.

Sin embargo, además de esto, algunos actores de salud humanitaria y salud global han intentado proponer completos sets de herramientas más o menos estandarizados para la evaluación de servicios de salud a gran escala, sobre todo bajo un marco de fortalecimiento de sistemas de salud pero también con un posible enfoque de recuperación temprana de capacidad. Merece la pena destacar los esfuerzos en este sentido de el Banco Mundial, USAID y la OMS.

  • El Banco Mundial, por ejemplo, lanzó en 2010 y actualizó en 2018 sus cuestionarios de Service Delivery Indicators (SDI) para salud, muy centrados en evaluar la calidad de los servicios de salud desde la experiencia de las personas usuarias. Sin embargo, se trata de herramientas complejas planteadas para una extensa recogida de datos (durante uno o dos años) a nivel nacional.
  • USAID lanzó su propuesta de Service Provision Assessment (SPA) en 2012, desarrollada por ICF International en el marco del proyecto Demographic and Health Surveys. Esta herramienta, que fue de nuevo completamente actualizada en 2022, se centra en evaluar la disponibilidad y calidad de servicios específicos.
  • En paralelo a estas iniciativas, la OMS lanzó su Service Availability Mapping (SAM) y posteriormente, en 2015, una nueva herramienta, desarrollada en colaboración con USAID: el Service Availability and Readiness Assessment (SARA). que permite calcular índices de disponibilidad y preparación de unidades de salud y servicios sanitarios específicos.

Hay dos herramientas clave hoy y para el futuro: HeRAMS y HHFA

En la actualidad y pese a la coexistencia con otra miríada de herramientas, las dos que parecen tener más recorrido en el futuro son HeRAMS y HHFA.

El Health Resources Availability Mapping System (HeRAMS) es un esfuerzo colaborativo liderado por la OMS y el Global Health Cluster que comenzó en 2007 para permitir mapear y monitorear la disponibilidad de recursos y servicios de salud esenciales en contextos humanitarios, para ayudar a identificar necesidades, disfuncionalidades, sus causas y prioridades para la toma de decisiones. El resultado de la aplicación de HeRAMS es una Lista Maestra de unidades de salud con información sobre ubicación y tipo de servicios de salud en un área geográfica, así como datos sobre el estado general de la infraestructura y el equipo, la funcionalidad del centro, la accesibilidad, cómo se está gestionando, los servicios que ofrece y el tipo de apoyo externo que recibe.

Su implementación requiere una coordinación sólida entre los actores del sector salud en torno a su correspondiente cluster. Una vez que la información está disponible se puede mostrar en un dashboard o panel web y en informes. HeRAMS no permite hacer un análisis en profundidad de todos los elementos de un sistema de salud, pero permite un monitoreo esencial en contextos difíciles que puede informar la toma de decisiones en acción humanitaria.

Además, en 2020, la OMS lanzó una nueva iniciativa para armonizar las múltiples herramientas existentes para evaluación de servicios de salud en una: la Harmonized Health Facility Assessment (HHFA). Esta iniciativa, en la que también colaboraron USAID y el Banco Mundial, culminó en 2022 y 2023 con la publicación de un set completo de cuestionarios que permite evaluar la disponibilidad, capacidad, gestión y financiación de unidades de salud y la provisión de servicios conforme a estándares de calidad, con un enfoque muy centrado en atención primaria de salud, cobertura sanitaria universal y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Estas dos herramientas, aunque hacen un buen tándem, no pueden cubrir todas las necesidades de las organizaciones de salud humanitaria o global. Estas en ocasiones necesitan herramientas más ágiles y ligeras para un uso aislado en proyectos específicos, como WASH FIT (por ejemplo), para evaluar lo relativo a agua, saneamiento, higiene de manos, limpieza del entorno y gestión de residuos en centros de salud. Sin embargo, el HeRAMS y la HHFA ofrecen una fuerte base para su adaptación y, sobre todo, para la colaboración entre múltiples actores para un monitoreo coordinado común.

La opinión de las personas usuarias de los servicios de salud (y el personal sanitario) importa

En acción humanitaria, las prisas son enemigo de lo cualitativo. Cuando hay una emergencia, lo habitual es que las acciones de evaluación rápida de servicios de salud prioricen el uso de herramientas cuantitativas. Estas suelen ser empleadas por personal sanitario, que durante una visita a un centro de salud y una entrevista con sus responsables, completa un cuestionario modelo. 

Sin embargo, la mayoría de herramientas cuantitativas se centran más en los inputs y outputs del sistema de salud y sus servicios. Después de todo, es bueno que haya medicamentos disponibles, que el personal esté bien formado, que la batería del panel solar funcione, y que haya muchas consultas, ¿verdad?

Cuando se intenta actuar con urgencia, a menudo se comete el error de prestar poca atención a la visión de las personas que usan estos servicios. Sin embargo, son ellas las personas afectadas y ante las que el sistema de salud (y los actores humanitarios que lo apoyan y sostienen) deben rendir cuentas. Por ello urge reconsiderar la importancia de dialogar con estas personas, que son quienes pueden dar la información más relevante sobre la efectividad de los servicios para resolver sus problemas, sobre quién está quedando discriminado y sin acceso, o sobre su falta de protección financiera ante los problemas de salud

Sistemas de salud

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Cómo citar esta página

Abarca, B. (16 de marzo de 2026). Prestación de servicios de salud: características, adaptación a crisis humanitarias y herramientas de evaluación. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/salud-en-crisis-humanitarias/prestacion-de-servicios-de-salud/

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