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Ser cooperante: experiencias, condiciones laborales y bienestar

Ventajas y desventajas de ser cooperante
Texto y foto: Bruno Abarca

Si estás pensando en dedicarte a la cooperación internacional o acción humanitaria, no te bastará con saber cómo funcionan las organizaciones humanitarias, qué tipos de perfiles profesionales se demandan o qué competencias debes tratar de desarrollar. También es fundamental conocer las experiencias de quienes ya trabajan en el sector humanitario, para entender las posibles ventajas y desventajas de ser cooperante.

Hay tantas experiencias como profesionales. Es más, la experiencia cambia según innumerables factores internos (tus motivaciones, valores y momento vital, por ejemplo) y externos (en qué lugar trabajas, con qué organización, con qué personas y haciendo qué funciones, entre otras muchas cosas). Conocer algunas de las dimensiones clave en las que el trabajo humanitario es diferente a otros puede ser de ayuda para la difícil decisión de intentar dedicarse a ello y para abordar los retos y dificultades que vayan surgiendo.

Vocación profesional y satisfacción personal

La mayoría de profesionales del sector tiene un fuente sentido de propósito y motivaciones diversas

La gran mayoría de la gente que he conocido en el área técnica, programática y de operaciones de las organizaciones humanitarias tenían una fuerte vocación por el trabajo humanitario y en cooperación. Esto no significa que sus valores o motivaciones vitales fueran los mismos, pero sí que, en muchos casos, hay un trasfondo ético o moral vinculado a la solidaridad y la justicia social, que conecta con el deseo de que el trabajo tuviese un impacto social claro.

Este relativo denominador común, sin embargo, no convierte a nadie en buena persona automáticamente, por mucho que a menudo exista un cierto reconocimiento social exterior. Dentro de las organizaciones humanitarias hay gente de todo tipo. Junto a referentes inspiradores, también hay personas con motivaciones superficiales o en busca de validación social.

El trabajo humanitario puede ser una experiencia vital realmente enriquecedora, pero también genera frustración

El tipo de trabajo que se puede realizar en acción humanitaria y cooperación, en muchos casos, permite dar salida al sentido de propósito con el que muchas personas entran en el sector. La cercanía con las comunidades, con las personas afectadas por las crisis y con las acciones de solidaridad puede ayudar a generar una fuerte conexión con el principio de humanidad.

Sin embargo, es peligroso caer en una falsa idealización del sector. En muchos casos, también se puede producir un fuerte choque con la realidad operativa de la acción humanitaria, al conocer de cerca las injusticias y las limitaciones del sistema humanitario para resolverlas. Esa frustración, además, a veces se suma a las incoherencias del sector, cuando a la vez que se percibe una sensación de insuficiencia profesional o síndrome del impostor internamente, algunas organizaciones proyectan hacia afuera una narrativa heroica; o cuando se exagera el impacto de las intervenciones para conseguir apoyo económico y social, sin profundizar en las responsabilidades políticas que hay detrás del sufrimiento humano.

En otros casos la frustración es simplemente fruto de la burocratización y del distanciamiento cotidiano de las necesidades, de las acciones y de la misión última de las organizaciones humanitarias. Esto resulta casi inevitable cuando se trabaja lejos de ellas y en remoto, o cuando el día a día a veces resulta similar al de cualquier trabajo de oficina, y lejos de lo idealizado.

Salarios, beneficios y condiciones laborales en el sector humanitario

Los salarios del personal humanitario y de cooperación internacional varían mucho entre organizaciones, tipo de puesto, nivel de responsabilidad y experiencia profesional de cada persona. Sin embargo, el principal determinante de diferencias salariales en muchos casos radica en ser personal nacional o expatriado, cuando hay sistemas duales.

Salarios y condiciones laborales del personal humanitario en las oficinas centrales y sedes internacionales

En las organizaciones internacionales los salarios suelen ser proporcionales a los rangos salariales del país en que se encuentren, pero a menudo resultan poco competitivos en comparación con el sector privado de ese mismo país. En agencias multilaterales, sin embargo, las escalas salariales a veces incluyen complementos asociados a destino, mejorando sustancialmente las condiciones laborales y haciéndolas mucho más competitivas.

Salarios y condiciones laborales de cooperantes expatriados/as

En muchos casos, el personal humanitario expatriado tiene paquetes retributivos más amplios que el personal en las sedes. Esto se debe en gran parte a la existencia de complementos salariales relacionados con la complejidad y peligrosidad del contexto humanitario donde se trabaja, dietas para cubrir gastos de vida y manutención, e incluso algunas ayudas económicas adicionales para cubrir gastos familiares en países relativamente estables en los que se permite viajar con ella. La escala salarial del personal expatriado también suele ser, al menos en parte, proporcional al nivel económico y al mercado laboral del lugar donde la organización tenga su sede, por lo que ONG con sede en España o Italia generalmente ofrecen paquetes retributivos inferiores a los que ofrecen organizaciones con sede en Suiza o Estados Unidos, por ejemplo.

El personal cooperante expatriado, dependiendo de la organización, también puede tener cubiertos los gastos de alojamiento (o bien en una vivienda ofrecida por la organización, que en ocasiones se comparte con más personas del equipo, o con una ayuda económica que permite cubrir la mayoría de los gastos del alquiler de una vivienda privada), vacaciones pagadas, seguro de asistencia sanitaria (en condiciones similares a la cobertura a la que se tiene derecho en la sede) y repatriación, seguro de vida e invalidez, los viajes de inicio y fin de su despliegue y, en ocasiones, los costes adicionales para hacer viajes cortos periódicos de descanso al extranjero en contextos donde el trabajo es muy intenso y demandante. Algunos países también ofrecen a sus cooperantes internacionales ventajas adicionales, como algunas exenciones fiscales, gastos de traslado de bienes muebles, las tasas de la vacunación internacional recomendada y protección consular.

Por todo ello, e incluso a pesar de que las ONG generalmente ofrecen menor seguridad laboral e ingresos que las empresas privadas, el personal expatriado suele tener condiciones que le permiten ahorrar. Esto será fundamental para enfrentar periodos sin empleo, que pueden ser habituales dado lo demandante del trabajo y la corta duración de muchos contratos ligados a proyectos en contextos de emergencia o conflicto. En las agencias de Naciones Unidas, sin embargo, no solo suele haber mejores condiciones salariales y beneficios, sino también menor rotación, contratos más largos y mayor estabilidad laboral.

Salarios y condiciones laborales del personal local de las organizaciones humanitarias

El personal local contratado en los países donde se implementan programas humanitarios suele recibir salarios significativamente más bajos que los del personal internacional. La brecha con el personal expatriado puede ser aún mayor cuando se trata de personal nacional que trabaja en ONG locales y pequeñas.

La diferencia se debe en parte a la existencia de escalas salariales duales, habituales en el sector privado y las compañías multinacionales, que también se extienden a las organizaciones humanitarias. En ellas, los salarios del personal local están establecidos en relación al salario mediano nacional, mientras que los del personal expatriado se relacionan con una escala global o con el mercado laboral del país de origen de la organización internacional.

Además, el personal local suele disfrutar de menos complementos salariales y beneficios sociales. Por ello, y pese a que estos salarios generalmente son mejores que los del sector público nacional y que son una importante opción laboral en contextos con pocas ofertas del sector privado, la diferencia se percibe como injusta cuando se realizan funciones similares y se afrontan costes similares de vida. Este hecho resulta especialmente crítico en organizaciones que trabajan por la equidad y la justicia social, y sobre todo cuando a menudo el personal local tiene mayor exposición al riesgo y menor protección en crisis internacionales.

Muchas organizaciones trabajan por incorporar cambios en sus escalas salariales para reducir estas brechas, como sistemas salariales únicos, sistemas salariales híbridos que incorporan beneficios sociales y mejoras para el personal local, o iniciativas que promueven la descentralización y localización del trabajo humanitario. También aumentan el número de oportunidades internacionales con expatriación para profesionales que han ganado experiencia previa como personal nacional. En cualquier caso, la brecha en las diferencias entre personal expatriado y nacional persiste y es motivo frecuente de malestar, crítica y debate en el sector.

Salud física, mental y bienestar emocional

Aunque depende mucho del lugar de trabajo o las responsabilidades del puesto, el trabajo humanitario se suele caracterizar por su intensidad, para lo bueno y para lo malo.

Sentimiento de comunidad y crecimiento personal

A menudo en el sistema humanitario se establecen fuertes vínculos interpersonales con colegas, ya sea por encontrarse en circunstancias similares de desplazamiento a otro destino (tanto en personal internacional expatriado como en personal local que se desplaza desde otros puntos de su país), o por compartir valores y una identidad humanitaria.

Además, muchos de los trabajos más técnicos y operativos requieren un alto nivel de trabajo en equipo con grandes dosis de autonomía, resiliencia, compañerismo, cooperación y creatividad para la resolución de problemas. Por ello, y por la satisfacción personal que produce sentir que se forma parte de un esfuerzo colectivo y multicultural por ayudar a aliviar el sufrimiento de otras personas, el trabajo humanitario supone una experiencia vital que no solo contribuye al crecimiento profesional sino también al personal.

Muchos factores en contextos de crisis desgastan la salud física y mental del personal humanitario

A pesar de lo positivo del trabajo humanitario, también existen muchos factores que afectan a la salud física, mental y emocional.

La salud física se puede ver resentida en climas extremos, en condiciones de vida precarias, en la exposición a enfermedades infecciosas y patógenos endémicos, y al cansancio y al agotamiento causados por desplazamientos y largas jornadas de trabajo. Además, en muchos casos, el personal humanitario es objetivo de amenazas y ataques por grupos armados. Todo esto no solo afecta al personal expatriado, sino que también (y en muchos casos con más intensidad) al personal local y nacional.

Aunque el nivel de exposición a estos y otros factores suele ser mayor en el personal que trabaja en contacto directo con comunidades y personas afectadas por las crisis, el personal que trabaja en oficinas también los sufre. Muchas personas dedicadas al trabajo humanitario reportan estrés, ansiedad, depresión o burnout, como resultado de la exposición a la violencia, eventos traumáticos y el sufrimiento humano, pero también al aislamiento emocional y social que existe en algunos contextos, a la sobrecarga laboral (muy a menudo autoimpuesta por un fuerte compromiso moral y sentido de la responsabilidad). Además, en muchos contextos violentos, no solo la percepción de inseguridad produce malestar, sino también la dureza de las medidas para mitigar los riesgos, como toques de queda, limitaciones de movimientos fuera de zonas consideradas «seguras», o la convivencia estrecha y continua en viviendas compartidas con las mismas personas con las que se trabaja.

Finalmente, a todo lo anterior se suma el agotamiento mental y emocional resultado de los continuos dilemas éticos que hay que enfrentar, las contradicciones extremas que se experimentan entre el lugar de origen y destino, las inequidades e injusticias del propio sector humanitario, la distancia con la red social y de soporte habitual en la comunidad de origen, la continua e inevitable sensación de no estar bien preparado/a para afrontar todo, y el contacto con personas que sufren y tratan de superar las peores injusticias, desigualdades, y violaciones de derechos humanos, que ahora dejan de ser anónimas, invisibles y lejanas.

Movilidad, relaciones interpersonales y conciliación familiar

La alta movilidad abre oportunidades de conocer a muchas personas, pero también desgasta

El desarrollo de una carrera profesional humanitaria suele estar ligado, para muchos y muchas profesionales, a movimiento continuo. Esta alta movilidad, además, rara vez se experimenta de forma aislada, sino que habitualmente es fácil conocer y relacionarse con más personas, con inquietudes y valores similares, de muchísimas organizaciones, culturas y lugares diferentes.

Sin embargo, en ocasiones, la excesiva movilidad del personal también dificulta establecer relaciones cercanas duraderas u obliga a interrumpir relaciones y amistades. En cierto modo, existe un continuo proceso de construcción y reconstrucción de redes de apoyo, que pasan por etapas muy distintas. También a menudo se generan círculos endogámicos de personas expatriadas o de otras zonas del país, con un cierto distanciamiento del resto. Esto a menudo se percibe y siente como una burbuja de frivolidad, alienada de la realidad que hay justo al otro lado del muro. Finalmente, algunas de estas redes no dejan de ser artificiales y cambiantes, generadas por las circunstancias de personas que se mueven por trabajo, y no tanto por su afinidad.

El valor de la movilidad entre países u organizaciones es distinto para cada individuo, según su personalidad, pero también según el momento vital y las circunstancias familiares en las que cada persona se encuentra. No es raro que profesionales humanitarios sometidos a altos niveles de estrés, presión laboral y movilidad continua pasen por etapas de burnout que también repercuten en sus relaciones sociales, generando aislamiento y soledad.

La movilidad también puede dificultar la conciliación con la vida personal y generar desarraigo

Las personas que trabajan en cooperación y acción humanitaria también deben hacer frente a las consecuencias de estar lejos, y a menudo en largos periodos, de sus familias, amistades y comunidades. Esto no es algo exclusivo del personal expatriado. Es más, en muchos casos, es el personal nacional quien más lo sufre, cuando tiene a su familia en una ciudad pero trabaja en otra, en condiciones muy duras y con insuficientes descansos que les permitan conciliar la vida personal y familiar con la profesional.

Además, cuando los viajes dentro del país o al extranjero se repiten y prolongan en el tiempo, resulta fácil perder el arraigo o la sensación de pertenencia al lugar del que se proviene. A menudo no solo se pierde la cercanía con amigos y familiares a quienes se les ve solo una o dos veces al año, sino que además se pierden hitos vitales familiares. Bastantes profesionales pueden pasar por una crisis personal al comparar su vida itinerante con la estabilidad “tradicional” de sus amistades. Esto se acrecienta cuando, al regresar al hogar y a la comunidad de origen, la persona sufre una sensación de extrañeza, al tener que asumir las grandes diferencias de las preocupaciones normales de la gente de este entorno y las de la gente en contextos de crisis. 

El desarraigo y puede empeorar conforme pasa el tiempo, si además de haber cortado hilos con la comunidad del lugar de origen se trabaja en lugares donde la mayoría del personal humanitario es más joven o está en otro momento vital. La sensación de no pertenecer a ningún lado puede tener un gran impacto emocional y en el bienestar del personal humanitario, que no siempre se aborda adecuadamente.

El retorno no siempre es fácil y requiere preparación

En ocasiones, tras un largo tiempo de desplazamiento por trabajo a otras ciudades o países, los trabajadores y trabajadoras humanitarios desean regresar a sus comunidades de origen para buscar una cierta estabilidad geográfica y nuevos rumbos laborales, iniciar una relación duradera, o comenzar una familia.

Este retorno, sin embargo, puede resultar difícil por la pérdida de contactos y redes sociales, por tener un estilo de vida y valores distintos al resto de la comunidad local, por la desconexión con la trayectoria profesional previa, o por tener ahora un perfil profesional menos competitivo para el mercado laboral local. Para algunas personas, el cambio brusco de ritmo también les supone un importante reto, que hay que aprender a gestionar, a veces con apoyo externo.

Una eventual transición profesional puede funcionar mucho mejor si existe una preparación previa y un plan para afrontarla. En este sentido, puede ser positivo considerar primero la posibilidad de puestos de oficina aún dentro del mismo sector, mantener el desarrollo profesional vinculado con causas sociales desde otros sectores, y saber identificar y destacar las habilidades transferibles del trabajo humanitario a estos otros sectores. Los ahorros generados durante el trabajo humanitario (si se contaban con suficientes beneficios sociales y gastos de manutención y vivienda más o menos cubiertos) pueden hacer esta transición más fácil y llevadera, evidentemente.

Cómo es trabajar en cooperación

Cómo citar esta página

Abarca, B. (16 de marzo de 2026). Ser cooperante: experiencias, condiciones laborales y bienestar. Salud Everywhere. https://saludeverywhere.com/trabajar-en-accion-humanitaria/pros-y-contras-de-trabajar-en-accion-humanitaria/

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