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Revisión de las nuevas directrices de salud de DG ECHO de 2025

DG ECHO Health policy gidelines
Texto y foto: Bruno Abarca

La Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (DG ECHO) se creó en 1992. Desde entonces, se ha consolidado como uno de los principales donantes humanitarios a nivel mundial, con una aportación anual de alrededor de 1650 millones de euros, de los cuales entre el 10% y el 15% se destina a la salud.

En 2025, DG ECHO ha actualizado sus directrices en salud para respuestas en contextos humanitarios, cuya versión anterior se remontaba a 2014. En este artículo hago una revisión no exhaustiva de algunos de los cambios más significativos que ha sufrido esta política y su guía técnica anexa. 

La visión general de la acción humanitaria en salud de DG ECHO

El objetivo general de la asistencia humanitaria en salud de DG ECHO mantiene el foco en la reducción de la mortalidad, morbilidad y discapacidad evitables. Sin embargo, también subraya ahora con más énfasis la prevención y el alivio del sufrimiento, algo que es un fiel reflejo de la humanidad como principio fundamental. DG ECHO, además, siempre ha combinado un enfoque basado en las necesidades humanitarias reales con una manera de entender la salud como un derecho humano fundamental y universal.

Este donante humanitario, apuesta por otros muchos valores clave, como la calidad, la eficacia, la eficiencia y la equidad en el acceso a servicios de salud. Además, desde esta actualización, se alinea de manera explícita con la norma humanitaria esencial y sus compromisos, ampliando así su visión en torno a la participación de las personas y comunidades afectadas por las crisis, y sobre la rendición de cuentas hacia ellas.

DG ECHO, tanto en sus guías actuales como en las anteriores, también se alinea fuertemente con los principios humanitarios y con la transversalización de enfoques de protección, medio ambiente, inclusión de la discapacidad y género. Además, aboga por la acción intersectorial (especialmente para prevenir y tratar la malnutrición), una visión de salud en todas las políticas, y un enfoque de One Health que vincula la salud de las personas con la del entorno en que viven.

Cuatro claves de la política de salud de DG ECHO de 2025

Apuesta por el nexo humanitario-desarrollo-paz y el fortalecimiento de sistemas de salud

En su nueva política de salud de 2025, DG ECHO promueve las consideraciones del nexo humanitario-desarrollo-paz y la necesaria coordinación entre actores. Aunque en parte se trata de una actualización de la terminología, también refleja una manera de entender la acción humanitaria más allá de la ultrapriorización de las necesidades básicas. En este sentido, el donante parece enfatizar en sus guías la importancia de la preparación en salud, la mitigación de riesgos para la  salud pública, las medidas anticipatorias, la seguridad y resiliencia de las unidades de salud y el fortalecimiento del sistema de salud. 

En su guía de 2014, DG ECHO ya explicaba que las organizaciones humanitarias debían conocer las vulnerabilidades y necesidades de los sistemas de salud, para así poder proteger sus capacidades y reducir vulnerabilidades. También planteaba que las intervenciones financiadas dieran apoyo al sistema de salud existente (siempre respetando los principios humanitarios), contribuyendo así a la recuperación de su capacidad una vez superada la crisis aguda, o al menos sin obstaculizar este proceso.

En 2025, DG ECHO va más allá y establece que las intervenciones deben vincularse o integrarse en el sistema de salud existente tanto como sea posible, buscando oportunidades para fortalecerlo. No pone solo el foco en que la acción humanitaria no obstaculice la recuperación de la funcionalidad de los servicios públicos, sino también en ayudar a superar las debilidades del sistema de salud y mejorar su preparación y resiliencia ante futuras crisis. Por este motivo, hay un nuevo capítulo sobre el fortalecimiento de los sistemas de salud en contextos humanitarios (que antes quedaba relegado a un anexo). En él se abordan los seis pilares del marco conceptual clásico de un sistema de salud. Además, se establece como criterio de salida de una intervención la capacidad del sistema local de salud para mantener los servicios y los resultados.

Priorización de la salud sexual y reproductiva, especialmente la violencia de género

En sus guías de 2014, DG ECHO insistía en repetidas ocasiones en la importancia de integrar servicios de la manera más amplia y horizontal posible, siempre según las necesidades locales. Por ese motivo recomendaba evitar enfoques verticales (como programas de salud mental o de salud reproductiva), salvo justificación específica.

En su actualización de 2025, las directrices de salud de DG ECHO mantienen esta recomendación. Sin embargo, al mismo tiempo, destacan algunas áreas específicas de salud consideradas prioritarias. Entre estas se incluyen la prevención y respuesta a epidemias, la atención a las principales causas de mortalidad y morbilidad según cada contexto, la atención a traumatismos y cirugía, la salud mental y el apoyo psicosocial, las enfermedades no transmisibles, la salud materna y neonatal, y muy especialmente la salud reproductiva y sexual, que queda elevada a un nivel prácticamente obligatorio.

DG ECHO, en 2025, subraya la importancia de incorporar un fuerte componente de salud sexual y reproductiva en todos los programas humanitarios de salud. Dentro de este marco, y a pesar de que incentiva el uso del Paquete de Servicios Iniciales Básicos de Salud Sexual y Reproductiva en Situaciones de Crisis (MISP), hace mucho más hincapié en unos servicios que en otros. Así, al mismo tiempo que detalla un sólido enfoque de derechos y protección para la prevención y respuesta a la violencia sexual y de género, evita cualquier tipo de mención explícita sobre la atención segura al aborto en la medida en que cada país lo permita, pese a ser un componente incluido en el MISP desde 2018.

Más allá de la cobertura básica: calidad, equidad y continuidad de la atención sanitaria

Aunque las directrices de 2014 abordaban aspectos como la calidad, la equidad y la continuidad de la atención sanitaria, la política de 2025 las refuerza como elementos operativos obligatorios en toda intervención humanitaria. Esto se refleja en algunos de los nuevos indicadores de resultado (Key Result Indicator o KRI). Por ejemplo, el indicador recomendado de formación del personal incluye que hayan alcanzado las competencias estándar de su puesto de trabajo. Hay también indicadores que se centran en la adherencia a los tratamientos o en el porcentaje de mujeres embarazadas que no completan al menos cuatro visitas prenatales.

Otro de los nuevos indicadores está relacionado con la financiación de la salud. Se trata del porcentaje de hogares con gasto catastrófico en salud. Esto, que refleja un interés por la equidad del acceso a los servicios de salud, está también muy relacionado con la posibilidad de vincular las acciones en salud con programas de transferencias monetarias, algo que es nuevo en las directrices de 2025. Eso sí, DG ECHO limita la posibilidad de este tipo de asistencia con efectivo o cupones para cubrir costes indirectos de la atención sanitaria y solo tras una evaluación adecuada del mercado local de servicios de salud y su disponibilidad. DG ECHO se opone al uso por defecto de transferencias multipropósito para facilitar el acceso a servicios de salud, ya que estos pueden no existir o no funcionar adecuadamente.  Por el contrario, se recomienda que cualquier intervención de transferencia monetaria para la salud esté justificada por ayudar a superar una barrera real para el acceso a los servicios de salud, concreta y bien identificada.

Énfasis en el rol de la comunidad y los/as agentes comunitarios de salud

La actualización de 2025 otorga mayor importancia al rol de la comunidad y los/as agentes comunitarios de salud, respecto a las guías anteriores. La edición de 2014 ya establecía que  la comunidad debía participar en las decisiones sobre «cómo» debían hacerse las intervenciones en salud (pero no sobre en qué debían consistir) y que debía haber agentes comunitarios/as de salud en cualquier comunidad afectada por una crisis. La nueva  política de 2025 enfatiza y amplía el alcance de sus roles.

Por una parte, se destaca el rol crucial que debe tener la comunidad en todo el ciclo del proyecto, desde una base de confianza y diálogo. Se incluye su participación en recogida de datos, identificación de necesidades, diseño de intervenciones, construcción de capacidades locales, vigilancia epidemiológica, comunicación de riesgos, reducción del estigma sobre ciertas condiciones de salud, y procesos de monitoreo y evaluación. La implicación de la comunidad se entiende ahora como un valor clave mucho más amplio que en el pasado. Aún así, en ocasiones se pueden seleccionar intervenciones esenciales basadas en evidencia, incluso si las comunidades no las priorizan (como una campaña de vacunación contra el sarampión, por ejemplo).

Por otra parte, DG ECHO subraya el importantísimo rol de las redes de personas voluntarias y agentes comunitarios/as de salud. De hecho, se reconoce que en algunas crisis puede ser necesario redistribuir tareas cuando falta personal de salud, implicando a personal menos cualificado, pero siempre con adecuada formación, supervisión y evaluación de su desempeño. También se reconoce su posible papel en asegurar la continuidad de los cuidados, como vínculo entre la comunidad y los centros de salud, en la preparación y respuesta ante emergencias, e incluso en la obtención de información sobre mortalidad. En cualquier caso, DG ECHO sigue recomendando prudencia respecto a la cantidad de responsabilidades que se les pueden atribuir a estas personas voluntarias, que no deben ser un instrumento para compensar las debilidades de los servicios de salud.

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